Si no es un músico cubano el autor de La visa de la discordia, por muchas ganas que tenga de entender qué es lo que está a debate, es algo así como "tratar de hacerle un nudo a un plátano", y traduzco al castellano, imposible.
Pedro Luis Ferrer me contaba que en un concierto en el que coincidía con El Guayabero, este le dijo: "gordo, que haces aquí, ¿ya te levantaron la losa?", en otras palabras, si le habían quitado el castigo que había tenido que sufrir después que se le ocurrió hacer una guarachita con el estribillo: "por fin llegó la perestroika, se acabó la vida estoica" o algo así. Los artistas en Cuba se han acostumbrado a realizar su trabajo bajo la mirada firme y aplastante de los comisarios políticos de la cultura, y lo más triste es que el trabajito sucio lo llevan a cabo otros. En Cuba, la cultura se hace por decretos, y si ayer la palabra Miami significaba gusanera, escoria, vendepatria..., hoy Miami es el comando decretado por "el intelectual en jefe" Fidel. Hay artistas en la Isla que tienen una carrera de casi 30 años, y sólo tienen grabados uno o dos discos. Los artistas en Cuba (aunque residan fuera de la Isla) que deseen que su arte sea impuesto por las instituciones oficialistas cubanas en conjunto con las de otros países, tienen que gritar su comprometimiento con el régimen, y aquellos que quieran ser independientes tienen que pagar el precio más alto.
Hay algo muy profundo en todo esto, y es que el dolor tan desgarrador de los cubanos que han padecido prisión por sus posiciones políticas es real, y quizá algunos no sean personas ilustradas. Es posible que si alguien le hubiese preguntado a uno de los poetas o escritores recién encarcelados en Cuba sobre el tema de los Grammy hace un año, hubiesen dicho que detestaban la censura. Es también muy posible que si esos intelectuales presos hoy se enteran de que los ex presos políticos cubanos que radican en Miami han tomado este tema como una cuestión de principios, también ellos apoyen esos principios.
Alina Brouwer |