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Acabo de leer la carta de Efraín (cubano residente en Paris) y, por consiguiente, leí el artículo Los Voluntarios. Aunque está lejos de Cuba, Efraín mantiene los pies en el verde caimán, y eso me parece ideal, pues uno puede comparar si olvida las realidades del día a día cubano.
La manera en que el sistema de represión cubano funciona sólo lo podemos entender quienes lo hemos vivido. Es totalmente solapado y asunto de gota a gota. El gobierno es dueño de los medios de difusión, las armas y, de alguna manera, de la forma de pensar de un gran número de personas que nacimos, crecimos y aprendimos a ver la vida desde el perfil que nos enseñaron. Nos hacen creer que el mundo está patas arriba y que Cuba, a pesar de la escasez, es tranquila y segura. El noticiero muestra la violencia en Colombia, la campaña electoral brasileña, donde gana el que promete que todos los brasileños desayunarán, almorzarán y comerán todos los días; de Estados Unidos, los niños matando adolescentes en las universidades y todo lo malo que se les ocurra; de lo nuestro, sólo lo que les parece: el cumplimiento de los planes de producción, etc. ¿De veras creen que se habla de Payá, Vladimiro Roca o del Proyecto Varela? ¿O que se menciona los últimos desalojos de las casas construidas sin permiso? De eso no se habla porque forma parte del bien creado sistema.
Los que desfilan, no firman y tratan de vivir la vida del único modo que conocen, no son traidores, son cubanos como nosotros, la diferencia es que no tienen o no conocen otra salida. Salir de Cuba es muy difícil, tumbar a Fidel Castro es más difícil aún y la gente tiene necesidad de vivir ahí dentro. Si eres profesional y no asistes a los desfiles o a lo que se les ocurra, no te matan, no te hacen un mitin público, pero no cuentan contigo para nada, eso significa cero superación, cero viajes y con esto último se esfuman las posibilidades de poder traer dólares y mejorar tu casa, o, por otro lado, abandonar el país.
Son pocos los que siguen creyendo de verdad en el sistema, pero son muchos los que no tienen otra alternativa. Somos un pueblo de lucha, que nunca aguantó el yugo, que perdió a muchos hijos valerosos en las guerras de liberación. Me hierve la sangre cuando alguien dice que somos carneros, muchos nos hemos ido y, por tanto, de alguna manera hemos resuelto nuestro problema, no se puede hacer leña del árbol caído. Los que están allá luchan con la cotidianidad, el tedio, la desesperanza de no tener sueños ni proyectos de futuro. He visto un reportaje sobre la inmigración en Uruguay y alguien que entrevistaron dijo: "No sólo perdemos los jóvenes, los profesionales, perdemos la gente innovadora, con espíritu aventurero, esos son los que forman parte importante del desarrollo de un país".
Saludos desde Puerto Rico,
Katia Estévez |
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Hace varios días leí el artículo Los Voluntarios y hoy leí la carta de un lector que se refiere al mismo. No creo válido el planteamiento, más o menos explícito en el artículo, de juzgar —en el ámbito judicial— a los que bajo el peso del totalitarismo se prestan a apoyarlo públicamente, aunque en realidad no lo hagan. Sin embargo, sin lugar a dudas, si pueden ser juzgados desde el punto de vista ético, por aquel razonamiento tan simple de que "a uno pueden prohibirle hacer lo que quiere, pero no pueden obligarlo a hacer lo que no quiere", y esa —tan fácil— es la respuesta para la pregunta que se hace el lector; por demás, nadie que se preste a hacerle el juego a algo en lo que no cree realmente —incluso apoyar el encarcelamiento de los que hacen lo que ellos no son capaces de hacer— debe ofenderse porque se le señale.
Saludos,
Carlos Hernández,
Miami |
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En mi ya largo exilio nunca he visto nada semejante. La revista Encuentro y el diario Encuentro en la red son el diablo para los órganos de opinión cubanos. El diablo que hay que espantar y exorcizar como sea para que el desfile de conversos no vaya a más. Es tan endiablado el caos que Encuentro ha provocado, que se atreven a dar réplica a los artículos, algo inimaginable, pues durante años y años jamás salió una palabra sobre la disidencia, fuera interna o externa. Es tan perjudicial que no caen en la cuenta de que el objeto de su respuesta está prohibido para el resto de los ciudadanos y lo "prohibido" crea expectativa y van a procurarlo dónde sea. Encuentro revista es tan apetecible en Cuba como una lata de leche o una cajetilla de cigarros. Y las dudas que crea el intercambio de ideas va royendo las conciencias porque ahí hay algo que no es lo que han estado oyendo toda la vida.
Y nada les ha convulsionado tanto como el manifiesto de los intelectuales contra los fusilamientos y el encarcelamiento de los 75 disidentes. Y para más INRI, que apareciera en El País, al que hasta ese momento tenían en grandísima consideración. No hay más que ver cómo le han enfilado los cañones, que hasta gimoteantes editoriales ha habido.
No hay más que echarle un vistazo a La Jiribilla de esta semana, dedicada en un 50% a defenestrar Encuentro y de qué manera. Dándole otra vez la vuelta maniquea a su financiación, ocultando que Cuba también se beneficia de la ayuda de esas mismas fundaciones. Son artículos de gente resentida y aprovechada, que con la boca pequeña defiende la utopía de una revolución que hace muchos años se perdió.
Demetrio López |
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Al señor Chomsky le tenemos el respeto que merece por su trabajo como lingüista y pensador, porque a los de la parte de acá, a los europeos, nos facilita desde el continente americano una versión que complementa la oficial. La amplía. Sólo le pediría que, en La Habana, además de dar a conocer su pensamiento y la postura del gobierno de EE UU con respecto a la Isla, manifestara que su pensamiento y esas reflexiones sobre su gobierno no le impiden regresar a casa y volver a salir cuando quiera. Que por manifestarse no va a perder su trabajo en la universidad y, desde luego, no se va a pasar veinte años en prisión. Y no lo dijo.
Cuba nos merece respeto por muchas cosas, pero nos duele en lo más profundo por otras. El pensamiento no se puede encarcelar. Que no olviden los habitantes de la Isla que si la represión del pensamiento en Cuba es una manera de defenderse de la "opresión" del gobierno de EE UU, no sé qué hubiera sido de Guatemala, El Salvador, Argentina, Chile, Panamá, Nicaragua..., con la opresión absoluta de la invasión, muerte, la tortura y miles y miles de "desaparecidos". Eso sí ha sido un marcaje directo, estar "embargado" por el gobierno de EE UU.
Elisa Luna
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Soy un cubano que ahora reside en Paris, pero por mis ideas y sentimientos sigo muy unido a todo lo relacionado con mi patria, tuve la dicha de por unos amigos conocer de esta página, la cual encuentro muy interesante y aclaradora de cosas sobre nuestro país, pero el motivo por el que les escribo es que leyendo el artículo Los Voluntarios, sentí cómo se les trata de traidores a los cubanos que por obligación de alguna índole tienen que soportar las obligaciones que les impone el régimen, no todos están en las mismas condiciones, pero pienso que son cosas y problemas que pueden causar a sus familias si no asisten.
La pregunta que me hago es la siguiente: ¿qué hacía el autor de este artículo cuando vivía en Cuba para no ser un voluntario?, porque que yo recuerde hace relativamente poco tiempo en Cuba no existía la disidencia como en estos momentos.
Estimo, en mi humilde opinión, que cosas como esas hacen que los cubanos de a pie crean poco en las personas que se oponen al gobierno y a la vez se sientan ofendidos, como yo me sentí, porque fuera del agua se nada muy bien.
Cordialmente, un cubano que los sigue y desea que nuestro país sea muy rápidamente libre.
Saludos,
Efraín |
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El espíritu general del artículo Los Voluntarios es plausible. Lo que no cuadra es el símil voluntario-colonia: voluntario-castrismo. Voluntario-colonia (español y cubano, incluso el padre de Martí) era un individuo cien por ciento convencido del sistema colonial y dispuesto a morir en su defensa, como lo hizo. Voluntario-castrismo, por el contrario, es un individuo con doble moral, doble cara: una oficialista con la banderita, y otra desafecta en los rincones de su casa. La mejor descripción de esa doble moral la ha dado Havel.
Juan F. Benemelis,
Miami, Florida |
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En el lenguaje popular de Islas Canarias enriscarse significa caerse por un risco o acantilado, despeñarse. ¡Qué me enrisco!, conjugaría un desgraciado un instante después de dar un traspié al borde de un barranco. Y la verdad es que no se me ocurre ninguna idea brillante para asociar esta forma verbal al nombre artístico que ha elegido el humorista Enrique del Risco (Enrisco), como desconozco también si ha tenido en cuenta este juego de palabras. Baste decir que me parece divertida la coincidencia, aunque no tanto como el fino humor (de ese que hablaba Virulo y que produce más sonrisas que carcajadas) que desbordan sus sátiras políticas. Yo, y para seguir con la primera persona del presente del indicativo, sonrío y río con todo aquello que firma Enrisco.
A. María,
Canarias
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El artículo La Habana: Fiesta sin Mario se quedó corto. Aunque a veces la brevedad es la mejor manera de contar las cosas. Felicidades al señor Luis Cino. Las merece.
Y ahora, una noticia que me llega desde La Habana: "Fuentes de todo crédito informan que Mario falleció víctima de un infarto fulminante cuando se enteró que Cuba va a comprar azúcar en Estados Unidos. Los informantes se negaron a dar sus nombres para evitar que la otrora bella Obdulia los dejara sin la 'chispa e'tren', brebaje que según me han informado prepara en el fondo del cuarto que habita en un solar situado en la calle Virtudes".
Saludos,
Hildemaro Montejo,
Weston, Florida |
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Les felicito de nuevo por su revista electrónica, que leo con tanto fervor. Especialmente quiero hacer llegar al escritor Luis Cino mi aprecio por su pieza La Habana: Fiesta sin Mario, publicada el 7 de noviembre. El escritor presenta un magnífico retrato, con lujo de descripción y contrastes, de unos personajes patéticos y simbólicos de la revolución castrista: "flaca, mal vestida, avejentada y con tambaleos de borracha, busca con quien bailar".
Muy agradecida,
Mirta Estévez,
Roseville, Minnesota |
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Soy un cubano que vive en la Isla y está de paso por Barcelona. Por este medio quisiera expresarles mi agradecimiento y el de muchos compatriotas por la tremenda labor que realizan en favor de la libertad de nuestro país y con un nivel tan alto de calidad periodística. Encuentro en la red es un ejemplo de lo que nuestros intelectuales y periodistas pueden hacer en un ambiente de libertad. No en balde dentro de Cuba no es posible acceder a vuestra página por las restricciones que pone el gobierno. No es sólo decir la verdad, sino saber decirla como ustedes lo hacen, sin fomentar odios entre cubanos y dando todas las oportunidades de criterios.
Particularmente, he disfrutado muchísimo con los artículos de Manuel Pereira sobre Barcelona. Ha sido un poco casi que un guía turístico para mi, pues he tratado de visitar todos los lugares a los que hace referencia. Por este medio quisiera le hicieran llegar mis felicitaciones por ser un cubano "de pura cepa" y llevar tan elegantemente lo más precioso de nuestra nacionalidad.
Un abrazo para todos mis hermanos de Encuentro y seguro un día nos reuniremos todos juntos en nuestra islita como la gran familia que somos. El momento ya está por llegar.
Cubano en Barcelona
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