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En la sección de humor, además de lo que cuenta la beneficiada acerca de la entrega de los televisores Panda., añado que no es para los más necesitados, sino para los que más se lo merecen, contrario a los postulados del marxismo que todavía se enseña en las escuelas.
Está también la tragedia de las discusiones entre compañeros de trabajo, los trapos sucios de todo tipo, que provocan sentimientos de ira contra los demás aspirantes, y que la autora prefiere obviar; lo cual no me parece oportuno, porque lo principal en este mecanismo diabólico es mantener a las personas divididas y pensando en cómo hacerse mal unas a otras, para así evitar que un día se unan con el objetivo de buscar el bien común. Esto no es nuevo, ya se ha discutido en Cuba por lavadoras, refrigeradores, bicicletas y televisores rusos. El fin es que no se deje de discutir y atacar al hermano, que nunca podamos reconciliarnos. Yo no tengo Panda, no lo voy a pedir; además, no me lo van a dar, porque cuando vayan a mi barrio, seguro que no van a decir que soy una persona decente, porque decente es (aunque la autora no lo aclare) hacer todas las guardias, ir a las marchas, ir al primero de mayo y mantener una actitud "revolucionaria".
"¿El Panda? No, ¡gracias!".
PS
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Soy lectora habitual de Encuentro en la Red y de vuestra revista impresa. Es admirable lo que hacen y, sobre todo, la forma en que lo hacen. Mis más sinceras felicitaciones.
Hoy me ha causado profundo malestar el artículo acerca del racismo en Cuba. Está lleno de tópicos y el tema está abordado de la peor manera posible. Hay frases para olvidar: "Encerrada en pequeños espacios, la promiscuidad de una familia negra resulta extraordinaria. Los niños crecen sin valores morales adecuados. Por ejemplo, un padre que roba en el trabajo, vende en la bolsa negra". Me gustaría saber si la autora del artículo piensa que los blancos encerrados en "pequeños espacios" serían menos promiscuos o sencillamente lo serían de una forma "ordinaria".
Creo que los problemas raciales en Cuba, lejos de incrementarse, se han mantenido desde siempre. Están presentes en nuestra forma de hablar, de pensar y de ser; otra cosa muy distinta es la forma como actuemos y el respeto que podamos trasmitir a los demás.
El artículo en cuestión se las trae, pues la cantaleta de que los valores morales en Cuba se van perdiendo, es un absurdo. La moral no es la misma para todas las circunstancias. Si se entiende ésta como un conjunto de valores éticos asumidos o heredados culturalmente. La situación en la que a veces vive la gente es tan aplastante, que la moral hay que hacerla a medida, como una especie de cinturón. ¿Qué es más inmoral: un negro que roba y vende en la bolsa negra para mantener a un niño sin "valores", o una familia, ya sea blanca, mulata o verde, que le compra al negro lo que necesita para vivir y le desprecia y lo delata y comulga con el Estado, que en definitiva hace a todos delinquir?
Cierra su artículo otro desacierto: "la pérdida de los valores morales en la sociedad cubana es general, lamentablemente". ¿Qué pasa si fuese sólo en la población negra? ¿Sería menos lamentable?
Pensaba que la lectura de este artículo me iba a ayudar a comprender mejor dicho problema, pero me ha dado aún más preocupaciones.
Asirys Lappin
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Excelente material. Mis parabienes a quien corresponda.
Henry Almonte Diloné,
Dominicana |
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Gracias a ustedes de nuevo por ofrecernos la posibilidad de leer a Eliseo Alberto en su artículo Un bolero para Joaquín. Sé que es doloroso tener que hacerlo con palabras de adiós, o tal vez, de "estás conmigo aunque no estés", pero son palabras llenas, intensas, plenas. Y gracias a Eliseo Alberto, por ser como es, por escribir como lo hace.
Elisa Luna |
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Gracias a Eliseo Alberto por Un bolero para Joaquín. Es un retrato escrito. Gracias a todos los que han podido escribir sobre Joaquín en estos días.
Carmen Maso |
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Después de varios días sin acceder a Internet me encuentro esta triste noticia. Se le echará de menos, la historia de nuestra cultura siempre tendrá un lugar reservado para Joaquín Ordoqui.
Rebeca González,
México D.F. |
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Abro hoy mi correo y desde Cuba un amigo me cuenta de la muerte de Joaquinito. Joaquín Ordoqui, el mismo con quien había compartido en marzo y abril último su casa en Madrid, el mismo con quien habíamos sostenido insomnes conversaciones sobre Cuba, Perú, la libertad, la comida, los libros, la música, los quereres.
Desde las páginas de su revista quiero compartir con ustedes mi tristeza por su muerte. Me unió una larga amistad que en diciembre cumpliría 24 años.
De muchas maneras, me enseñó a querer a Cuba y él sabe que yo aprendí bien de él.
Francisco Adrianzen,
Perú |
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Soy un asiduo lector de la revista Encuentro… y de Encuentro en la Red. Sólo deseo compartir la pérdida de Joaquín Ordoqui con la Redacción y su familia. Disfruté muchísimo sus artículos sobre música cubana y también sus críticas sobre libros; magnífico comunicador y excelente prosista. Muchos le echaremos de menos; yo lo tomo como la pérdida de un amigo a quien nunca conocí personalmente.
Demetrio R. Álvarez,
Miami |
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Es de ilusos pensar que la eliminación del embargo va a dar al traste con la dictadura que sufre nuestro país. Es como si el dueño de un carro pensara que pintándolo y cambiándole los asientos, pudiera resolver los serios problemas que tiene en la trasmisión y en la dirección del vehículo. La solución no está en la eliminación del embargo, que, de producirse, no dejaría de formar parte de una nueva etapa revitalizada de Castro; sería obtener tiempo para un régimen que se desploma día tras día; sería para un boxeador la campana salvadora a punto del KO.
El final de la dictadura depende de "una mecánica a resolver" entre el pueblo cubano y Castro y sus lacayos. El primero está llamado a dirimir esta disputa y no esperar por embargos o que Castro acceda a cambios, o una vez muerto éste compartir con sus lacayos el nuevo país. El final debe ser con todas las de la ley, borrón y cuenta nueva, si no ¿cómo enseñar al cubano, que es un hombre libre, cuáles son sus derechos como ciudadano? ¿Haremos como en Rusia: "El mismo perro pero con diferente collar"?
Pedro Pérez Arteaga
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Joaquín Ordoqui fue un cubano a imitar, gracias a que supo asumir su exilio mostrando su sabiduría e inteligencia. Gracias a sus Semblanzas sobre música comencé a colaborar en Encuentro en la Red. Quizás porque más que semblanzas eran rayos de luz que sacaban una cultura que nos fue velada parcialmente. Como buen caminante, Ordoqui supo dejar huellas que intentaremos seguir con parte de su luz.
Arsenio Rodríguez,
Barcelona |
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