Cartas
www.cubaencuentro.com Jueves, 29 de abril de 2004 www.cubaencuentro.com

Con respecto al artículo Factoría de Castro, me encantaría que mis compatriotas aprendieran a leer con calma y sin tomar el rábano por las hojas, pero veo que nos resulta difícil. Hasta donde sé, el autor siempre ha defendido a Miami en su literatura, y su artículo no hace más que confirmarlo. Mira la ciudad con el amor y la conmiseración de quien mira un lugar que es entrañable. Y dice una gran verdad: aunque vivamos en un país libre, desde La Habana todavía nos esclavizan. Somos dependientes de las leyes cubanas, de la nostalgia por la patria, de los lazos que nos unen a nuestras familias. Somos prisioneros, como lo es cualquier desterrado, cualquiera que no puede decidir cuándo regresar a su casa. Y lo más terrible es que, inevitablemente, somos al mismo tiempo los sostenedores de nuestros carceleros. No sé si es que al autor le gusta o no, pero está enunciando una verdad que está ahí y que no se puede obviar.

¿Es que no pueden leerlo?

Juan José Meléndez,
Miami

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Quisiera hacerles llegar mi opinión sobre la serie Una historia de las transiciones, que están publicando. Estos artículos abordan con profundidad un tema que, para nosotros los cubanos, es de suma importancia. La experiencia de la transición en los antiguos países del bloque soviético ha sido, en general, subestimada en los análisis de los expertos. Sin buscar recetas mágicas, vale la pena, como lo hace el articulista, introducir esos elementos para enriquecer nuestra perspectiva en la discusión del futuro de Cuba.

Felicito al autor y los exhorto a continuar la presentación de ese tema.

Antonio Arencibia Jr.,
Hialeah

Referencias
Los caminos de la democracia
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Tras leer las cartas publicadas a raíz del artículo Factoría de Castro, he llegado a la conclusión de que casi nadie entendió lo que el autor intentaba decir. Lejos de una crítica descarnada en contra de Miami, el artículo es un grito de dolor y solidaridad por una ciudad que vive en y de sus contradicciones. Contradicciones dignas de ser analizadas en algún trabajo de Nietzche: la ciudad más anti-castrista del mundo es, por la propia naturaleza de sus habitantes, la que aporta más ayuda económica al régimen de La Habana; una ciudad que muchos sienten como insolidaria, ayuda a mantener a millones de personas en el mundo.

El artículo es, como se diría en inglés, "the ultimate apology" de Miami. Refleja un punto de vista que le cuesta asumir a los miamenses, sumidos en la vorágine de esta ciudad apasionada y aburrida. Nadie me puede decir que no conozco Miami. La sufrí y amé por cinco años. Le agradezco cosas buenas y malas y aun desde la distancia, ella y yo continuamos esa relación de odio-amor que siempre tuvimos. Por eso recomiendo una segunda o tercera lectura del artículo, y que aquéllos que tan vivamente lo critican, analicen su propia relación con esa ciudad, sin la cual ninguno de nosotros podrá vivir.

Ernesto Suárez,
Kansas City, Missouri

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En el artículo Factoría de Castro, el autor la emprende con la ciudad de Miami, o más bien con los que aquí vivimos. El material, a contrapelo de lo que él parece pensar, se presta para una de esas mesas redondas donde se le dice a los que están en Cuba —y que por supuesto no creen el cuento, que parece que el autor sí creyó, sobre los ríos de Coca Cola—, lo difícil que es la vida en este lado del mar, por lo que lo mejor que puede pasarles es seguir como están. Más allá de todo esto, creo ver una frustración, un despecho por un amor no correspondido. Parece que al autor no le fue bien por estos lares, donde unos triunfan y otros no, pero donde la gran mayoría tiene una vida digna —que le permite incluso ayudar a sus familiares en Cuba, lo que al autor del artículo tanto molesta— y bastante lejana del campo de concentración que él fabula.

Carlos Hernández,
Miami

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En el artículo Factoría de Castro se habla de que los cubanos en Miami perdieron sus derechos. Se dice que "Miami no es jamón".

¿Cuáles derechos? Los cubanos que se treparon a una balsa y se expusieron al sol, la deshidratación, los tiburones y la deportación, lo hicieron porque no tenían otra cosa que perder que sus cadenas. Miami no es jamón. El exilio no es jamón, debiera haber dicho.

Miami es el único sitio en que la diáspora ha podido imponer cierta identidad. Con los defectos de nuestra idiosincrasia y algunos nuevos, ese exilio tiene el mérito indiscutible de haber construido una "pequeña Habana" e incluso del término "sahuesera", al que con tanto desprecio alude el articulista.

Raúl Rodríguez

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Si Miami es un campo de concentración o factoría de Castro, para nuestra Cuba sólo queda un epíteto: infierno.

Jaime Blas,
Miami

Referencias
Factoría de Castro
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Trato de leerlos diariamente, pues Encuentro en la Red es un gran caudal de información, incluyendo la sátira y el humor. Por eso, mezclado entre ambos, esperaba otro mensaje en el artículo Puerta cerrada. Creí que el autor tocaría el famoso tema del intransigente de Castro, que supuestamente impide el acceso al cambio en Cuba. No estoy tan seguro de que él es el único, presiento complicidad por parte de una claque oportunista que se le une para aterrorizar a la población, que es una simple observadora de los eventos.

Los cubanos nos venimos creyendo a través de la larga trayectoria del exilio, que nuestro pueblo se levantará en armas, por si solo, sin dirigentes, y daremos al trasto con el castrismo. ¡Cuán triste es la realidad, primero los ricos y batistianos, después los ex fidelistas, seguidos de las visas Waiver, Pedro Pan, Camarioca, los vuelos de la Libertad, los terceros países, el Mariel, los visitantes a Miami que se quedan, los balseros, los músicos, artistas y atletas, además de los que se quedan en Ganders, Madrid, Sudáfrica, México, Nicaragua, Venezuela, y quien sabe en que otros lugares del planeta.

No creo que la mayoría de los cubanos fuera de Cuba ni los que habitan en ella, tenemos la voluntad política, económica y moral para hacerle una guerra frontal a Castro, más allá del típico cacareo. Los cubanos de ambos lados nos hemos resignado a la inercia total, debido al acomodamiento del exilio o la impotencia de convivir en la Isla. Hasta que no se vertebre un verdadero movimiento de acción que fuerce al castrismo a hacer concesiones políticas, todo lo demás es cuento y bobería.

Carlos Delgado,
Miami

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Que terrible leer artículos como Factoría de Castro. Creo que Encuentro (tanto la revista como el sitio web) se ha caracterizado por la búsqueda de un punto (de encuentro) para millones de cubanos, sin importar donde se encuentren. El autor dificulta ese encuentro al asumir posturas tan radicales. Decir que Miami es un campo de concentración y cárcel es de un fundamentalismo bárbaro. Soy una historiadora mexicana y he encontrado en Miami una ciudad noble, dentro de toda la paranoia de ciertos locutores radiales. Creo que a Miami se le subestima, no desde un acercamiento a la ciudad, sino desde una postura política. Al leer este artículo es como si oyera a cualquiera de mis compatriotas trasnochados por la revolución cubana; incluso, me recuerda a uno de esos discursos incendiarios hechos en La Habana. Recuerdo al autor que todos los puntos extremos se tocan.

En honor a la libertad de expresión, no se pueden descuidar los contenidos de los artículos.

Laura García Freyre

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Es increíble las cosas que, debajo del tapete de la libertad de expresión, uno tiene que aguantar cuando se leen artículos como Factoría de Castro. El autor despotrica contra la ciudad más cubana fuera de Cuba, como si en ella no viviesen sus coterráneos. Campo de concentración es lo menos que dice de una ciudad que fue y es hogar de cientos de miles de compatriotas que han tenido que trabajar y aún trabajan para abrirse camino en una nueva sociedad, mejorar económicamente, educar a sus hijos, satisfacer sus necesidades, y por qué no, parte de las necesidades de los que quedaron en Cuba. No es una ciudad de desafectos solamente, también los hay reciclados, ex dirigentes de la FMC y los CDR, militares, ex espías, artistas de la revolución, hijos de militares y ministros.

Soy profesional aquí y lo fui allá también. Vine en balsa y con mucho orgullo vivo en Hialeah, una comunidad cubana trabajadora, emprendedora, que ama a su familia que dejó en Cuba y que mientras no pueda sacarla de ese infierno la va a seguir ayudando. Esto no es una cárcel, ni un campo de concentración. Nadie detiene a nadie en Hialeah. Miami no es jamón para el vago, ni hueso para el trabajador.

Rey,
Hialeah

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A veces trato de explicarme ese fenómeno al cual el lector Carlos Hernández hace referencia cuando habla de una "hostilidad casi irracional de algunos hacia la oposición interna", pero que no sólo es evidente a través de la simple y pura hostilidad, sino que es palpable en la burla, el cuestionamiento de las intenciones de los opositores, la crítica a sus programas e ideas, la percepción de sus capacidades como algo de poca monta, el mensaje de que tal vez lo que hacen es totalmente contraproducente, y demás y demás.

En mi afán de entenderlo, me vienen dos cosas a la mente. Una es un viejo concepto llamado 'identificación con el agresor', el cual intenta dar cuenta de aquellas situaciones (por ejemplo, dentro de una prisión) en las que miembros de una minoría en desventaja, directa o indirectamente, justifican el castigo que alguno de los mismos recibe de las figuras de autoridad cuando estos deciden contradecirla o violarla (al escapar, al intentar crear un motín, etc.).

Lo segundo que pensé fue en una carta que Martí le escribe al autor de A pie y descalzo, en la cual le dice que aun cuando lo que describe puede tener mérito y ser cierto, el momento en el que lo hace (se acaba de perder la guerra) no es el más apropiado.

Hugo

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