Desde Montevideo, para Raúl Rivero: Tengo en mi memoria infantil la imagen de un tipo gordo, mujeriego, simpático, lleno de cemento y poesía. Lo recuerdo visitando a mi madre, en busca del añorado café de cada mañana, clamando: "Carmita, un buchito de café". Junto a él un grupo de sus colegas de la agencia Prensa Latina que trataban de edificar lo que sería su próxima morada: un edificio de ladrillos rojos, de cinco plantas, en el olvidado Reparto Aldabó de los años setenta.
Recuerdo cada domingo las visitas de Nicolás; recuerdo el auto con su chofer-guardaespalda. Recuerdo a su hija Cristinita, dando sus primeros pasos y su caleidoscopio.
Recuerdo a Iris llorar con mi madre por las cosas de Raúl. Recuerdo que nunca más supimos de él, sólo que andaba por algún lugar, de corresponsal.
En 1989, cuando parecía inevitable que Cuba caería con el mismo peso de Moscú, sentí deseos de ponerme en contacto con Rivero cuando fundó, junto a un grupo de valientes, el grupo opositor más original de todos: Criterio Alternativo.
Hoy, desde la lejana ciudad del sur, le mando un abrazo desconocido a ese tremendo tipo que es Raúl. Ojalá que lo reconforte saber que aquel niño, hijo de Carmita y Luis, de la casita de al lado, es un hombre que lo respeta mucho.
Luisito,
37 años
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