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Felicito al autor del artículo Un toro en la tienda de porcelana. Mucha gente de la nueva generación, en Cuba y en el exilio, comparten su opinión. Muchos de los que lo critican, inventan lo que no escribe para descalificarlo. No veo en su artículo que diga que él es el que tiene la verdad, menciona a Human Rights Watch, a la representante de la ONU, etc. Tampoco veo nada en calificar al "exilio" como "arrebatadores de casas".
Sigan publicando ese material, que es necesario. Si el autor quiere encontrar gente que piensa así, no tiene que buscarlos en Denver, que baje a la Florida y va a encontrar mucha gente, para no decir que muchos americanos también coinciden. Oponerse a Castro no quiere decir apoyar a Posada Carriles.
El autor es muy pesimista en su análisis del Congreso. Otto Reich no fue aprobado por el senado. Esperemos que pase lo mismo con Bolton. Como dijo Clinton, "no hay nada malo en Estados Unidos, que lo bueno de Estados Unidos no pueda derrotar". El elemento canceroso que puso el embargo será derrotado. López-Levy no menciona a personas que estuvieron en Guatemala entrenándose, pero que no fueron en la expedición porque no querían que los batistianos los mandaran.
Juan Carlos Pérez,
Miami |
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Comparto con el autor de Un toro en la tienda de porcelana su crítica al gobierno norteamericano, que no parece haber aprendido nada en este último siglo de relaciones bilaterales. Comparto también su crítica a los cubanos que han aprendido menos de esa experiencia y diseñan planes para que los norteamericanos se los pongan en práctica.
El problema es en sí su obsesión de andar buscando en el gobierno de EE UU americanos "buenos" y americanos "malos", como si quisiera reproducir justamente esa dependencia de Estados Unidos, que tanto critica, pero con otro signo político.
Dada su crítica cosmética al castrismo y su incapacidad de ver que "la lucha por la democracia" y "la oposición a las prácticas totalitarias del gobierno cubano", son parte del mismo proceso, es de sospechar que su agenda, no demasiado encubierta, es un neocastrismo con apoyo norteamericano. Si el exilio, según Levy, está compuesto por reaccionarios arrebatadores de casas, no quedará más remedio que ir a Denver a buscar al único cubano ecuánime y justo. Lo felicito.
Ireno Valdés,
Atlanta |
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En el artículo El Führer regresa en primavera, el autor trae a la actualidad una discusión muy candente en Austria y Alemania sobre la confrontación con el "pasado reciente", y es que después de 60 años de dictadura fascista, todavía en estos países hay quienes siguen negando la existencia de las cámaras de gases o los campos de concentración y aunque algunos intentan relativizar la cuestión con el resentimiento o el revanchismo, la sola banalización del tema no deja de escalofriar.
Con Castro la utilización del término fascista puede parecer una provocación, un término desmedido, sobre todo para algunos sectores de la izquierda europea o latinoamericana, en cuyo antiimperialismo corriente está programada la defensa del régimen castrista contra cualquier forma de "calumnia", pero en la medida que se conocen la naturaleza del fascismo y sus métodos, la universalidad de este fenómeno va más allá de una ideología estereotipada en la Alemania nacionalsocialista, que las actuales generaciones conocen de pasada por alguna película de Spielberg, o el juicio a un skinhead de un barrio marginal, sino que es una forma de pensamiento con muchas ramificaciones y latencia en la sociedad moderna.
Los métodos de Stalin, Pinochet, Pol Pot o los de Castro, son completamente fascistas, es decir, la esencia es la misma: la represión con todos los medios posibles de las libertades de expresión y pensamiento, la eliminación de la democracia, el adoctrinamiento y la imposición sistemática de una ideología que varía o se adapta según el contexto político y el carácter del enemigo de turno y su grado de peligrosidad. Al margen quedan los millones, miles o cientos de muertos y desparecidos; los segregados, los perseguidos y el sarcasmo de los tontos útiles de siempre, "de que no hay que comparar, ya que Castro es mejor que Stalin porque no ha matado a tanta gente".
Manuel Bu Domínguez,
Viena |
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He leído con gran entusiasmo el artículo El Comandante y el tiempo. Magnífico. Por este artículo el autor debería recibir un gran premio. Lo felicito. De ahora en adelante leeré todo lo escrito por este gran escritor.
Anthony |
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Quisiera felicitar al autor del artículo Abel después de Caín. Como se dice en Cuba en buen español callejero cubano: "Tronco de artículo asere". Quisiera si es posible conseguir las palabras de Abel Prieto en Madrid, me llamó la atención en este artículo esta frase: "Me temo que tus palabras recientes en Madrid sean síntomas irreversibles, terminales".
El autor escribe y maneja muy bien la prosa comparativa y el humor entre líneas con frases geniales como "Escritor en Jefe", "en Cuba el arte del eufemismo ha alcanzado un grado de virtuosismo que no se veía en esta lengua desde el Siglo de Oro: la crisis se llama Período Especial, a un Estado monoteísta y confesional se le llama democracia participativa (sin aclarar que sólo uno participa), la censura es canon, los disidentes son agentes y los agentes son héroes, el picadillo es "enriquecido" (no con más picadillo) y la masa cárnica es "ampliada" (no con más carne)".
Realmente genial.
Jonnhy,
Miami |
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Oiga Enrisco, usted ha puesto el tiro en la diana. Es todo cierto. Tiempo es lo que el "tipo" quiere. Todo es tiempo. Mira que he estado tiempo tratando de descifrar todo ese algoritmo de "artimañas" que el "tipo" utiliza cada vez que está quieto y no tiene nada ni a quien culpar. Gracias por poner "definiciones" en nuestras mentes; y gracias por eso magníficos trabajos que nos regalas.
José Glez,
Washington DC
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Discrepo totalmente del artículo Benedicto XVI, el Papa de la discordia. Desconozco si el autor de dicho material es católico, yo lo soy. No por serlo significa que "ciegamente" apoye al nuevo Papa. Me empuja, más que nada, la razón y la confianza en la acción del Espíritu Santo en la elección de cada Pontífice a lo largo de la historia.
Ciertamente la figura de Ratzinger ha sido contradictoria. Me refiero al mundo no católico, porque los fieles creyentes, creo que en su mayoría, hemos estado de acuerdo con su postura. Los no católicos y los "teólogos y filósofos" de nuevo orden siempre han intentado moldear la Iglesia Católica a sus aspiraciones y modos de concebir la vida y la sociedad.
La Iglesia católica no obliga a nadie a hacerse católico y las directrices que adopta de vez en vez están dirigidas a los católicos. El resto son opiniones o exhortaciones al mundo, pero cada cual, en su libertad puede o no tomar/aceptar.
Esta mentalidad de querer cambiar la Iglesia, querer adaptarla al gusto de cada uno, me parece peligrosa y enfermiza. La Iglesia no puede adaptarse a cada uno de nuestros gustos, no puede tener un menú del cual elegimos y cumplimos lo que queremos.
Con todos mis respetos, no sé si el autor es cubano; pero si lo es, no tiene que ir más lejos y ver lo que ha traído la modernidad a la sociedad cubana. De tan modernos que hemos querido ser bajo la "revolución", rompiendo con muchas tradiciones cristianas, implantando el "hombre nuevo", mire usted dónde y cómo está mi país.
Alicia Bombino Lumpuy,
España |
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Walterio Carbonell estará decrépito, pero sigue andando las calles de La Habana como siempre… Su crónica de una muerte tendrá que seguir siendo anunciada, porque él anda por ahí, lo que no puede escribir electrónicamente.
Pedro
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En la carta de Felipe, supuestamente desde Miami, el lector repite una vez más todas las acusaciones vertidas por Fidel Castro contra Posada Carrilles, acusaciones sin pruebas y de las que ha sido exonerado en tribunales democráticos. Pero si Posada Carriles hubiese cometido todos los actos de los que se le acusa, sería algo insignificante en comparación con el historial del "terrorista en jefe" y sus lacayos.
Puede que Felipe, desde Miami, no haya escuchado nada sobre los actos terroristas de Castro, y de esos actos sí existen pruebas.
Caridad Vidal,
Sevilla |
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El autor de ¿Fraternidad? le dio el bate a Leonardo Padura. Pero una cosa es lo que dice Padura y otra lo que piensa Mario Conde, el personaje principal de sus novelas negras. Mario Conde es vitriólico y demoledor, no en sus planteamientos como oficial de la policía, pero sí en sus dudas y en sus cuestionamientos de la realidad, sobre todo cuando se atreve a mostrar su comprensión hacia enemigos e ideas contrarrevolucionarias y cuando intenta rellenar sus lagunas mentales.
Las declaraciones de Padura hay que interpretarlas como la postura oficial de Mario Conde, pero sin duda, y después de incontables páginas, el detective expresaría de una manera muy velada lo mismo que escribió el autor de ¿Fraternidad?
Padura es un escritor frustrado como Mario Conde, al que le gusta disfrutar de la buena vida, pero por mucho que intente seguir caminando por la cuerda floja, creo que un día Mario Conde lo traicionará.
Marc Sellés,
Barcelona |
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