La entrevista a Vicente Echerri es una bocanada de aire fresco. Echerri traza con fineza y erudición el ideario del exilio político cubano anterior al período especial. A bote pronto, yo diría que más del 80% del exilio cuyas raíces morales y culturales se hunden en la república comparte la mayoría de sus ideas.
Aunque Echerri tenía sólo 10 años el 1 de enero de 1959 y abandonó el país en 1979, no es un producto de la revolución y su vasta cultura lo identifica con la Cuba de antaño, con la élite cultural cubana destruida por el exilio y el totalitarismo.
Coincido totalmente con él, el régimen totalitario de Castro no ha aportado bellos edificios ni preocupaciones estéticas, ni tan siquiera una ideología definida, no ha aportado un reencuentro con su pasado y ha destruido todos los referentes culturales, ha quemado los puentes. El castrismo sólo ha aportado chusmería, ha enaltecido el solar, la envidia, el resentimiento y la suciedad y lo que es más triste, los jóvenes de la Isla no conocen otra cosa a no ser que proceda de la tradición oral o de los libros ocultos en las catacumbas.
Echerri también declara: "Me horroriza pensar en esa mezcolanza entre víctimas y verdugos con que sueñan los portavoces de la llamada reconciliación nacional. Esa sería una solución menos cruenta a corto plazo, pero endeudaría moralmente a Cuba por generaciones". Yo añadiría que tal solución condenaría a Cuba a perpetuar el estercolero que ahora es, y me sumo al deseo de Echerri en llamar al pan pan y al vino vino.
Eloy Gat Llepafils,
Albacete
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