www.cubaencuentro.com Miércoles, 04 de junio de 2003

 
Parte 1/3
 
Elogio del Aguafiestas
En 'La noche del Aguafiestas' Antón Arrufat homenajea la conversación, la inteligencia que desborda la palabra hablada.
por CARLOS ESPINOSA DOMíNGUEZ, Miami
 

Circula desde hace unos meses una nueva edición de La noche del Aguafiestas (Letras Cubanas, La Habana, 2002), que incluye ligeras correcciones y unas quince páginas adicionales que no figuraban en la primera, publicada en el año 2000. Y he pensado que se trata de una ocasión idónea para darle una segunda oportunidad a la novela de Antón Arrufat, un escritor a quien, por lo demás, siempre he admirado y respetado.

La noche

Pero ante todo, se impone que explique brevemente por qué hablo de una segunda oportunidad. Tengo el hábito de que cada vez que me toca hacer un viaje en avión, incluyo en el equipaje de mano algún libro con que entretenerme mientras aguardo la salida del vuelo. Hace cosa de año y medio viajé a Madrid y esa vez me llevé conmigo el libro de Arrufat. Llegué a leer entonces unas ochenta y tantas páginas, pero al final decidí no continuar: la lectura no lograba captar mi interés. En realidad, ahora me doy cuenta de que fue una torpeza de mi parte el escoger un texto que exige ser leído en otras condiciones. No es casual que exista un tipo de obras que se conocen como "novelas de aeropuerto". Son obras de consumo fácil, que apenas requieren el uso de nuestras neuronas, y cuya trama podemos seguir sin problemas al mismo tiempo que escuchamos a American Airlines anunciar la próxima salida de su vuelo 576 con destino a Tegucigalpa. No es ése el caso de La noche del Aguafiestas.

En los distintos géneros que ha frecuentado (poesía, narrativa, teatro, ensayo), Antón Arrufat ha ido creando una obra a contracorriente de las tendencias y temáticas dominantes, lo cual, unido a su gran talento, ha hecho de él uno de los creadores cuyo perfil se destaca con mayor originalidad en el paisaje literario cubano. Cada uno de sus títulos constituye una pieza más que se añade a un edificio sólidamente construido, a una obra que no admite concesiones al éxito lisonjero y que, por el contrario, busca la comunicación con un lector inteligente, al que, a cambio, sabe recompensar con creces. En ese sentido, La noche del Aguafiestas, lejos de significar una excepción, viene a confirmar esa regla de oro de la poética de su autor.

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