www.cubaencuentro.com Jueves, 06 de noviembre de 2003

 
Parte 2/2
 
El cura poeta de Bauta
La luminosa espiritualidad, la serena música y una cubanía lozana y pura, fueron las características de la escritura de Ángel Gaztelu.
por CARLOS ESPINOSA DOMíNGUEZ, Miami
 
Parábola (Ángel Gaztelu)
Sombra de la noche
yerra por los álamos.
Su secreto a voces
recorre los ramos.
Altos son los caños
de la serranía,
donde bala el aire
y el águila anida.
Altos son los caños,
donde el agua suena
despertando el duro
sueño de la piedra.
Por los altos caños
de la noche fría,
donde gime el agua
su sueño de espiga.
Por los altos caños,
norte del balido
subía buscando
la flor del aprisco.
Por los altos caños
donde daba el agua,
batía la luna
albricias de plata.
Con la noche oscura
se alejaba el río.
Su sombra de ciervo
creaba el hechizo.
Creaba el hechizo
pecho de azucena,
isla de la nieve
que una flor gobierna.
II
Sombra de la noche
corre por los caños
altos de la sierra.
Plata de los álamos
sus hojas preguntan;
suspiros y pasos
suspenden los aires
y tiemblan los ramos.
El agua callaba
silencio de piedra.
A golpes de alondras
brotan cinco estrellas.
Cruzando la noche
contra las corrientes,
a punta de zarzas
las huellas florecen.
Cuando la encontraba
por la serranía,
de la madrugada
brotaba la espiga.
Cuando la encontraba
por los altos riscos,
puro y reluciente
cuajaba el rocío.
Cuando la encontraba
y la requería,
blanca y colorada
la rosa nacía.
Lucero hechizado
disuelve su nieve.
Raudas hieren altas
gargantas celestes.
Altos son los caños
anchos de la sierra,
donde el agua canta
ganancia de piedra.
Altos son los caños,
altos, que relumbran.
A paso de ciervo
huía la luna.
Por las blancas selvas
que el alba florecen.
A paso de ciervo
huyen las corrientes.
Agua amanecida
cítara de plata
canta el aleluya
raudo de la gracia.
Agua amanecida
rauda de la gracia,
mi secreto a voces
por las ramas canta.

En el prólogo que abre el libro, Lezama Lima destaca de modo especial los sonetos. Y expresa que "con el padre Gaztelu el soneto se hizo cantabile, pasó de una voz frotada con mieles y como a regañadientes, a la segunda naturaleza del canto. El soneto alcanzó un rumor, se hizo fuente". Entre otros, se hallan entre los mejores Oh ciencia de voz, De cómo el silencio fue sonoro la noche del nacimiento y el que tituló simplemente Soneto, que copio a continuación a manera de muestra:

"Aquí me tienes, soledad, cautivo/ temblando en tu silencio, como rama:/ Frente al asombro de tu llama vivo/ del alto anhelo de ganarme en llama.// Como sube del fuego y se derrama/ de amor contrito el humo fugitivo;/ así mi voz desnuda te reclama,/ huyendo hacia tu forma y centro altivo.// Mira su fuga y haz que siempre siga/ —rompiendo esta tiniebla y su desvelo—/ al aire de tu voz y clara espiga// dorándose en la forma de tu vuelo./ Injértame, Señor, con fuerte liga,/ cual pámpano a la cepa de tu cielo".

En muchos de los textos del poemario es notoria la presencia de elementos del paisaje rural cubano, lo cual no debe extrañar si se recuerda que durante varios años Gaztelu fue, como apuntó Gastón Baquero, "párroco fiel y tenaz en la vegetal Bauta". Tuvo además un especial acierto para captar el ambiente, la atmósfera y el ritmo de la vida de nuestros pequeños pueblos: las "horas lentas de vagas complacencias", los "limpios portales campesinos", las "pulcras miniaturas de los pintados portales" y ese "hondo estruendo de no querer marcharse" de la última luz del atardecer.

Por otro lado, la naturaleza, como hizo notar Mañach, aparece sublimada hacia lo celeste, y su exaltación de los primores de la tierra posee un sentido de cuasi mística beatitud. Algo por lo demás lógico en quien era, ante todo, sacerdote. El título mismo del poemario nos remite a la religión: gradual es la porción de la misa que se reza entre la epístola y el evangelio; y laudes es una de las partes del servicio divino que se entona después de los maitines, es decir, de las horas canónicas antes del amanecer.

"Conténtese La Habana defendida por el padre Gaztelu", escribió Lezama Lima al comienzo de su prólogo. Y tenía razón: por su poesía de alabanza y meditación, por su luminosa espiritualidad, por su cubanía lozana y pura, la lectura de Gradual de laudes es una buena defensa contra toda la fealdad moral, el horror y la injusticia que nos rodean.

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