Marcado por la pintura figurativa de sus antecesores de esta misma escuela —Wolfgang Mattheuer y Werner Tübke—, Rauch absorbe también influencias estéticas del más puro realismo socialista. Su depurada técnica se entrecruza con convenciones gráficas, al proyectar una propuesta donde la visión nostálgica de su pasado en la RDA, es impactada por escenas dramáticas de los bruscos cambios políticos, ideológicos y socioculturales provocados por la reunificación.
Pero tal vez el fenómeno más novedoso e interesante en el presente panorama de las artes plásticas alemanas se está dando en torno a la galería Liga, que expone la obra de artistas alemanes como Matthias Weischer, Tilo Baumgärtel, Bea Meyer y Tim Eitel. Se trata de un grupo de jóvenes artistas que, influenciados por las propuestas de Rauch, se mueven dentro de inquietantes paradigmas ideoestéticos, y reciclan el academicismo del realismo socialista con capital simbólico cercano al empleado por el grupo del llamado "Realismo capitalista" (Polke), cuyos cultores son Kiefer, Richter, Penck y Immendorf, entre otros, inspiradores a su vez de artistas considerados "Nuevos salvajes": Elvira Bach, Rainer Fetting y Salomé.
Berlín-Moscú, exhibida en el Centro Martin Gropius Bau de Berlín, es seguramente la exposición más lucidamente planteada para ilustrar la cultura de Rusia y Alemania, desde 1950 hasta nuestros días. A través de pinturas, fotografías, cine, vídeo, dibujos, esculturas e instalaciones, Harten establece un fascinante diálogo en el que afloran los aspectos generales en que se manifestó el realismo socialista en cada uno de estos países. Del mismo modo, emergen las particularidades que distinguieron a estas expresiones en ambos países.
La exposición se hace eco, además, de las tensiones latentes en el arte cuando las sociedades de la URSS y la RDA eran sometidas al más férreo control político-ideológico y la manera en que éste respondió desde las condiciones de producción imperantes. El modelo soviético abarca las inflexiones ocurridas después de la muerte de Stalin, en 1953, y el advenimiento del llamado deshielo, liderado por Jruchov, pasando por el arte de la Perestroika y también ejemplos de lo ocurrido después de la desaparición de la Unión Soviética.
En Alemania, por su parte, dialogan el arte de las antiguas RDA y RFA, y se crea un discurso diacrónico sumamente sugestivo, del cual emerge curiosamente una especie de ideología alemana artística, en la que realismo y expresionismo dan muestra de conexiones culturales profundas, al margen de las divisiones territoriales y políticas.
Paradise, curada por Nina+Torsten Römer, es una exposición que recoge a pie de calle lo que se está produciendo en esta ciudad. El recinto elegido para exhibir la muestra es de por si insólito, e incluso sobrecogedor, lo cual marca de algún modo la interpretación de las obras. Se trata de un bunker de la II Guerra Mundial, ubicado bajo la estación de metro Alexanderplatz. Construido para cobijar a 125.000 personas, sus amplios pasillos y sótanos suman cientos de metros de espacios, constituyéndose en una megagalería.
En este espacio se expusieron obras de las más heterogéneas tendencias, formas y soportes artísticos: desde la pintura en formato tradicional, pasando por la fotografía, el body art, la neo figuración, el arte conceptual y el performance, hasta el neo pop, el vídeo, el neo-geo, el op art y el neo expresionismo, entre otras corrientes.
Todo ello muestra el poderío de las creaciones de este mapa urbano, cuyos ecos han sido suficientes para que el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA, por sus siglas en inglés) abra de forma inminente en Berlín una sede con espacio expositivo. |