Sobre el papel, parecía una idea delirante que auguraba un desastre: combinar el espíritu de las canciones de Los Beatles con los ritmos de la música cubana. ¿Hey Jude interpretada a ritmo de son? ¿Lucy in the Sky with Diamonds convertida en una guajira? Su materialización, sin embargo, ha de sorprender a propios y extraños: Here Comes... el Son (PM & S, Miami), un disco compacto particularmente atractivo y lleno de hallazgos, en el que un grupo de artistas de la Isla hacen sus versiones de dieciséis temas pertenecientes al repertorio del célebre cuarteto inglés.
Sus artífices fueron Alfredo Álvarez Calderón (concepto musical) y Rogelio Pretto (productor ejecutivo). El proyecto comenzó a gestarse cuando el primero descubrió en un viaje a la Isla un libro que recogía las charlas que Ernesto Juan Castellanos impartió dentro del simposio internacional sobre Los Beatles, realizado en Cuba en 1997.
Según recuerda Pretto, entre otras cosas, Álvarez Calderón descubrió así que "la música de Los Beatles había sido prohibida en Cuba en los primeros años de la Revolución, pero que sin embargo (sic) se había llegado a infiltrar en el corazón y el alma de los cubanos. Le impresionó el enterarse de que Los Beatles habían cobrado tanta importancia en Cuba y que se les estudiaba como iconos musicales en este, el musicalmente más agraciado país de Latinoamérica".
En una reunión en la casa de un artista cubano, Álvarez Calderón escuchó el Hello Goodbye de Lennon y McCartney, en una exótica versión a ritmo de guaguancó interpretada por Los Papines. Eso le dio la idea seminal para el disco, en el cual participaron músicos y cantantes seleccionados, según apunta Pretto, "tanto entre las refinadas filas de la Orquesta Sinfónica Nacional como en los más modestos escenarios urbanos de La Habana".
De los arreglos se encargó Pucho López, quien además conformó el equipo artístico local. En total, se escogieron dieciséis temas, pertenecientes a las colecciones A Hard Day's Night (1964), Rubber Soul (1965), Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band (1967), Abbey Road (1969) y Let it Be (1970). Asimismo, se decidió que las canciones debían ser interpretadas en inglés, para que mantuvieran la cadencia melódica original. Las grabaciones, por último, se hicieron a fines del año 2000 en un estudio de La Habana, con el propósito de garantizar la pureza rítmica de las mismas.
Un buen método para valorar con ponderación el trabajo hecho por los artistas, es escuchar los dieciséis temas originales y luego las interpretaciones de cada uno que figuran en el disco. Esa audición contrastada permitirá apreciar que en Here Comes... el Son hay, ante todo, una labor muy seria, que consigue un justo equilibrio entre la creatividad y el respeto al espíritu y la esencia de las piezas de Los Beatles. Es, pienso yo, a partir de esa premisa cómo debe acercarse uno a estas versiones que, en conjunto, alcanzan una calidad musical que no puede ponerse en duda.
No faltarán quienes pongan el grito en el cielo y clamen por la absoluta fidelidad a las canciones de quienes representan la quintaesencia del pop. Tienen su derecho, aunque es un criterio reductor que los priva de disfrutar, por ejemplo, el Yesterday de Ray Charles, el The Fool on the Hill de Sergio Mendes y el Here Comes the Sun de Nina Simone, tres auténticas joyas ante las cuales los mismísimos chicos de Liverpool tuvieron que quitarse el sombrero. |