Con el disco No escape (2003), el cubano Ramón Valle se consolida como uno de los jazzistas jóvenes más originales en la escena internacional. El trío que dirige, formado por el bajista Omar Rodríguez, el batería Liber Torriente y por el propio Valle al piano, proyecta un sonido limpio y sosegado, en que el virtuosismo técnico-instrumental da paso a unos arreglos que fluyen con sencillez tras resolver la dicotomía entre rigor técnico e improvisación.
Después de una obra como Danza Negra,donde recreaste el repertorio de Ernesto Lecuona, ¿qué te hizo hacer un disco con tus composiciones?
Realmente, desde que comencé mi carrera, siempre intenté asumir el riesgo de hacer mi propia música, porque notaba que normalmente el músico de jazz iba a lo estándar, a las cosas que de alguna manera ya estaban previstas. Entonces, para mi era un reto presentar mi música y que la gente, en ese sentido, me aceptara tal como soy; improvisando lo más honestamente posible, pero también escribiendo lo más honestamente posible. En medio de este camino aparece la historia de Lecuona, quien era para mi como un saludo a Cuba y mi deuda nostálgica, por decirlo de alguna manera, con Cuba y con mi formación musical.
¿En qué consiste la deuda con Lecuona?
Mi deuda con Lecuona viene dada por mi formación como pianista clásico, estudié música clásica en el instituto. Esto quería decir que cada año, entre los autores más conocidos, tenía que tocar una pieza de un compositor cubano, y de Lecuona estudié e interpreté varias piezas, de la Suite Española o de la Suite Cubana.
Por otro lado, en casa, mi madre escuchaba mucho una radionovela donde ponían Andalucía. Todo ello me hacía relacionar a Lecuona con mi mamá y por eso le dediqué esa pieza a ella. Es una composición que tiene un aire muy alegre, como de baile, pero yo la arreglé "yambó" (versionada como un ritmo afrocubano) un poco tristón, un poco melancólico, como diciéndole: "oye, te recuerdo".
Creo que no poca gente ha tocado música de Lecuona y muchos jazzistas han tocado La comparsa y otras de sus obras, pero me arriesgo a decir que muy pocos han realizado un disco con su música de principio a fin, llevando esa música al plano conceptual del jazz.
Cuando se hicieron los arreglos de los temas de Lecuona, entré en una fase que no era competitiva pero que sí suponía, por el respeto que le tienes a ciertas figuras, ponerte a la altura de lo que supones que debe ser la obra de Lecuona. Entonces, cuando comencé a escribir vi que había alrededor de cinco páginas escritas de un sólo tema y me pregunté: "Si hago cinco páginas para un sólo tema del disco, ¿qué va a quedar para el resto del disco?, ¿esto es una sinfonía o es un músico de jazz quien está escribiendo?". |