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Encuentro en la red - Diario independiente de asuntos cubanos
Viernes, 23 de abril de 2004
 
Cultura
 
Tomás González en su oráculo
La Cuba secreta: A pesar de su extensa obra, no existe un 'teatro completo' de este autor, ni se encuentran disponibles muchos de sus textos, aparte de los perdidos.
por ROSA ILEANA BOUDET, Santa Mónica
 

Tomás González —quien incluye en su currículo el Pérez de su segundo apellido— es un prolífico y versátil autor que ha incursionado con igual intensidad en casi todos los géneros dramáticos, así como la coreografía, el folklore, el cabaret y el guión de cine junto a la indagación teórica y la docencia. Ha creado e impartido sistemas propios de entrenamiento sicofísico para actores y bailarines, que ha titulado "danza oráculo" y "actuación trascendente", aparte de cultivar la poesía y la pintura.

Vivian Acosta
Vivian Acosta en 'Cuando Teodoro se muera' (Eduardo Ravara).

Nacido hace 64 años en la antigua provincia de Villa Clara, González se formó como maestro en las aulas del Teatro Universitario de la Universidad Central de Las Villas y el Seminario de Dramaturgia. También se graduó de Teatrología en el Instituto Superior de Arte, y los actores y actrices con los que ha trabajado lo reconocen como "maestro" porque les ha proporcionado técnicas, lecturas, sabiduría e inspiración.

Los sesenta lo dan a conocer: Escambray 61, Yago tiene feeling (1962), estrenada en el Teatro Experimental de Las Máscaras, y La viuda en desabillé (1963). Muy temprano aparece un creador con una voz muy particular y un estilo propio que ha buscado siempre, más que el protagonismo, la formación de los actores para un trabajo escénico específico.

Fundador de Los Doce, donde tuvo a su cargo el entrenamiento de sus miembros en la primera etapa, comienza a sistematizar su Método de Actuación Trascendente. Vicente Revuelta ha comentado que fue a través de Tomás González que conocieron a Gurdieff y el IV Camino. Se mantuvo vinculado por muchos años al Conjunto Folklórico Nacional como profesor y dramaturgo, al crear para éste los Jueves de Folklore en los jardines del Teatro Mella, y obras como Mitos (1983), Shango Bangoshé (1984)y Oshún Eyelé (1986). Es coguionista de los filmes De cierta manera (1973), de Sara Gómez, y La última cena (1976), de Tomás Gutiérrez Alea.

A pesar de su extensa obra —más de 77 textos dramáticos o espectaculares—, no existe un "teatro completo" de González ni se encuentran disponibles muchos de sus textos, aparte de los perdidos, sobre todo los escritos a finales de los noventa para actrices y actores concretos, con los que animó con una energía muy particular los festivales del monólogo y el Café Teatro Brecht. Entre ellos, La artista desconocida (1988), Mamá, yo soy Fred Astaire (1989), Otra vez Hamlet, La noche de María Bethania, Me dio una lástima, o El gran amor siempre el último (1990), ampliamente reconocidos en su momento con premios varios: el talento del autor al servicio de la necesidad de los actores de crear universos dentro del pequeño formato o la obra de cámara.

La Casa de la Comedia —situada en Baratillo y Jústiz—, donde se cree se realizaron las primeras representaciones en la Isla, fue otro de los espacios vivificados por su magia y donde estrena Los juegos de la trastienda, uno de sus textos más conocidos, y el musical Buenas noches, José Milián, que se mantuvo en ese espacio durante dos años. Desde luego, no todos han corrido la misma suerte. El bello arte de ser (1980), El poeta y el auriga, El viaje en círculo y El ángel de alas turbias están inéditos, y Delirios y visiones de José Jacinto Milanés, con el que obtuvo el premio UNEAC 1987 y en el que continúa como Piñera y Estorino la "saga" del poeta, aunque publicado, no ha sido estrenado.

Danza oráculo y la 'actuación trascendente'

La posesión y danza oráculo le han servido para articular su concepto de "actuación trascendente", plasmado en el proyecto Teatro Cinco, que a pesar de su efímera vida en Cuba —porque he tenido noticias que el Teatro Cinco sigue dando funciones en Barcelona—, realizó una búsqueda a partir de los sistemas adivinatorios de la cultura afrocubana: cinco actrices improvisaban el oráculo desde la incorporación de un orisha.

El angel
'El ángel de alas turbias' (acrílico).

La danza oráculo es para Tomás una tierra incógnita, un territorio a explorar en el que ha trabajado como un pionero al incorporar a la noción de teatralidad, conceptos como la energía de la posesión y la ritualidad. Varias generaciones de actrices y bailarinas aprendieron una manera de respirar, de moverse, más allá de una técnica aprendida. Es parte de una memoria cultural transmitida por el maestro a las oficiantes. Sus enseñanzas perduran en los cuerpos de los actores-bailarines.

En algunas ocasiones, su relación con un proyecto concreto ha sido más constante, como con Galiano 108 —el grupo de Vivian Acosta y José González—, al que ha brindado algo mucho más significativo que sus textos dramáticos. Interrogada sobre sus influencias, la actriz Vivian Acosta reconoce que "el encuentro con el maestro Tomás González sirvió para mostrarnos un nuevo, fascinante y duro camino, el mundo de lo desconocido, el control y manejo de las energías, el cuerpo oracular y el trance".

Sus espectáculos, especialmente Cuando Teodoro se muera (1992) y Elektra: danza de los muertos (2003), lo han recorrido: el primero es una divertida sesión espiritista y el segundo, estrenado en el Festival de Cádiz, una indagación sobre la relación entre los mitos griegos y la cultura afrocaribeña. El barquero Caronte conduce una nave repleta de muertos hacia su última morada. Remontan la corriente, pero las intrigas, los rencores y las rencillas impiden que la barca avance. ¿Qué es la vida? ¿Qué es la patria? ¿Qué es el heroísmo? ¿Qué es la muerte?, se preguntan.

En estos momentos, Tomás —que vive hace años en Canarias— continúa trabajando sobre los mismos temas y obsesiones de sus piezas anteriores: las relaciones de pareja, los encontronazos culturales, la multirracialidad, las diásporas, aunque trata con más furor las discriminaciones no sólo racistas sino la xenofobia.

Permanecen inéditos muchos de sus trabajos teóricos, entre ellos El altar televisivo y Prolegómenos a una revalorización del resentimiento en la diáspora afroamericana, con el que inició su ponencia oral cuando fue invitado a Miami con motivo del Festival del Monólogo.

Y para mi sorpresa, aparte de entregarle una nueva Casandra a Vivian y José, y terminar sus obras Los juegos del crepúsculo y Un cortadito con leche condensada, dar los toques finales a La dama y el gorila para Hanna Schygulla y Alicia Bustamante, algunos de sus carboncillos —¡17!— con textos poéticos suyos ilustran el libro La diáspora africana y la familia, de próxima aparición.

 
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