A estas limitaciones se suman otras nuevas que en definitiva no permiten al disco "made in Cuba" liberarse del lastre de la vigilancia estatal y el control político sobre sus estrategias promocionales y de mercado, lo cual le impide insertarse en los circuitos globales de distribución y competir en igualdad de condiciones con sus homólogos del mundo.
Es curioso, por ejemplo, que sólo ahora se comience a dar jerarquía al productor, condenado al silencio hace tan sólo algunos años por considerar su labor más propia de la praxis mercantil capitalista que del ejercicio paternalista y discriminatorio del aparato cultural del socialismo. En resumidas cuentas, no quiere esto decir que sus derechos ahora sean plenos, pues su gestión sigue dependiendo de los recursos del Estado y continúa sujeta a las no pocas trabas que la visión restrictiva del oficialismo impone.
¿Empresarios o meros funcionarios?
El lado más cuestionable de todo está sin dudas en el componente absolutista de un evento que se vende como totalizador del universo disquero de nuestra música toda y no hace más que excluir a quien no viva en la Isla o no comulgue con su proyecto político. Además de escoger con pinzas, mediante criterios harto discutibles, los sellos foráneos que intervienen en la competencia. ¿Si no fuera así, qué impediría incluir en sus catálogos a tantos nombres que hoy ponen en el más alto sitio la música cubana en cualquier rincón del planeta?
Si sus esfuerzos fueran parangonables con los de cualquier empresario capitalista, no es difícil suponer entonces que los funcionarios del disco cubano deben sentirse muy dolidos porque fue el dueto Ry Cooder/Nick Gold, y no ellos, el padre del revival que insólitamente conoció la música tradicional criolla en la última década. Ya montados en ese carro, ahora sí, recientemente han puesto a circular el primer fonograma en solitario de Teresita García Caturla, titulado Llegó Teté (sello Bis Music), una de las grandes voces de nuestro pentagrama, injustamente preterida durante muchos años. Su retorno ha sido por todo lo alto: obtuvo el Gran Premio en la noche de gala del Cubadisco.
El hecho tiene que ver también con muchas otras preguntas que podrían hacérseles a los estrategas del disco en la Isla. Por ejemplo, ¿cómo piensan renovar el atractivo de esos sellos estatales para detener el éxodo del talento artístico, que prefiere las ofertas de prácticamente cualquier casa disquera foránea, con tal de asegurarse mejores ingresos, giras y ubicación en el mercado? ¿Qué pueden aportar de ventajoso estas disqueras en una posible coproducción con sellos extranjeros?
Con todo y los oropeles de este encuentro, al cual han sido invitadas varias figuras de fama mundial, como el cantaor español Diego El Cigala, la también ibérica Martirio y el dominicano Víctor Víctor, la imagen del disco en la Isla semeja una desmejorada versión del estribillo tan de moda, perteneciente a un conocido tema de la Charanga Habanera: Soy cubano, soy popular. Sólo que esa condición de "cubano" resulta a todas luces incompleta y su popularidad, más allá de las fronteras, está por ver.
Mientras, los amantes de la buena música cubana, sin distinción de geografías, esperamos por los nuevos aires de apertura que aporten una real dimensión abarcadora e incluyente a la definitiva industria del disco futuro. |