La Transición a la democracia en Cuba es el resultado de una investigación que Alberto Álvarez desarrolló durante varios años. Por sus numerosas virtudes intelectuales, esta obra debe ser parte del debate (no concibo mejor ubicación para un trabajo teórico)
sobre el futuro de Cuba y la transición que inevitablemente ocurrirá hacia un sistema capitalista y un régimen político liberal.
El libro está dividido en dos partes. En la primera, el autor recrea la discusión sostenida en los 80 y principios de los 90 sobre las transiciones a la democracia, y lo hace con una notable agudeza crítica. En la segunda, más extensa y más interesante para nuestros fines, Álvarez realiza un análisis de las características de la economía, la sociedad y la política en Cuba a partir de la crisis de los 90, y sugiere la existencia de una serie de escenarios posibles de formas de transición y de puntos de arribo. Tanto en una como en la otra parte, es evidente que el autor se alinea con una perspectiva socialdemócrata, lo que en el plano teórico lo acerca a los planteamientos de autores como Terry Karl y Phillip Schmitter, al mismo tiempo que en el plano propositivo acerca su visión de "lo deseable" a una economía social de mercado y a un sistema político democrático con amplios espacios de participación y auditoría social.
Como tanto los lectores como el autor esperan de este comentario una aproximación crítica al libro, intentaré hacerlo a partir de la discusión de los dos aspectos que considero más polémicos y atractivos: los actores y el escenario final de la transición.
Los actores
Uno de los retos menos satisfechos de la politología cubanológica ha sido hurgar en la composición, posiciones sectoriales y tendencias evolutivas de la clase política cubana. Durante un tiempo estas interpretaciones se centraron en la existencia de sectores identificados por su pertenencia a los grupos que inicialmente conformaron el Partido Comunista, lo que más tarde dio lugar a otras configuraciones especulativas sobre la adherencia a liderazgos personales. En realidad fueron meditaciones poco fructíferas y de poco fundamento empírico. Y es que se trataba de una especulación muy difícil, dada la monotonía discursiva de la clase política a partir de la repetición con pocas variaciones de los textos del presidente cubano. |