En el sinuoso y viejo camino que va entre la realidad y su representación, la fotografía cubana contemporánea parece menos posicionada en una reflexión discursiva que en una introspección personal. Las imágenes remiten a un sujeto agotado que mira su vecindad circundante como quien se observa en un espejo, sin fuerza necesaria para sostener su propia mirada.
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| Hospital Psiquiátrico de La Habana (Raúl Cañibano). |
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Pero en esta relación especular la otra mirada, la del objeto observado, parece más potente y retadora que la del sujeto que la observa. Como si la idea que acompaña la mirada del sujeto observador quedara impotente ante la intransferible inmanencia del objeto observado. Y en esta confrontación la mirada del observador rebota, se retira y se vuelve hacia sí misma.
Al menos, esta es una de las impresiones que provoca el examen de Crosscurrents/Gegenströmungen, segunda parte de un show colectivo de fotografía cubana actual expuesto hasta diciembre pasado en la Galerie Refugium de Berlín y que también formó parte del evento parisino Mois de la Photo.
Si en la primera parte del proyecto, titulada Other Realities (Parcelas íntimas de una realidad), predominaba más el color, la manipulación digital y las pretensiones conceptuales y artísticas, en Crosscurrents/Gegenströmungen prevalecen, a primera vista, la intención documental, el blanco y negro, la mirada "casual" del fotoperiodismo… Aunque ambos shows parecen marcados por idéntica línea divisoria: la mirada introspectiva.
Afirman los curadores de esta segunda edición que la intención es "mostrar la realidad y la imagen que la gente tiene de la realidad como dos líneas paralelas que se cruzan, se encuentran, se mezclan, pero siempre mantienen las diferencias".
Así, por ejemplo, Cristóbal Herrera, Pedro Abascal, Raúl Cañibano y Katia García, se inscriben en la corriente de fotógrafos que documentan la realidad cubana desde una estética tradicionalista, siguiendo la línea del periodismo descriptivo que en los años de posguerra impusieron renombrados fotógrafos norteamericanos como Robert Capa, Walter Evans y Robert Frank.
En la serie Las mujeres sostienen la mitad del mundo, García (1961) deja ver a la mujer cubana en un universo dominado por ensoñaciones íntimas, aspiraciones pasivas, mínimas, personales: el traje blanco de novia para la boda, las ofrendas a los santos, el mundo del hogar…
Por su parte, Abascal (1960) busca entablar un diálogo reflexivo directo entre los sujetos de su fotografía y el espectador. Se desplaza por la ciudad tomando fotos irrelevantes a primera vista —dos hombres mayores que afianzan su amistad en un bar, o un señor bajando una empinada escalera con su pesada bicicleta china—, pero que atrapan la mirada por la naturalidad de su composición y el juego de perspectivas y planos superpuestos.
Así, Cañibano (1961) capta momentos de extrañamiento de esa realidad de la Isla cada vez más surreal, a través de situaciones marcadas por una fuerte impronta de rareza y anormalidad. Hospital Psiquiátrico de La Habana, por ejemplo, es una foto emblemática, rara, con un anciano chino mirando fuera del cuadro, hacia un vacío sin perspectiva, la nada, y al mismo tiempo insertado en una estructura visual y un juego de planos y sombras impecables.
Herrera (1971), en tanto, es un fotógrafo joven que estudia bien su composición. Busca sucesos que tienen un significado más allá del momento que está pasando. Quiebra el estilo fotoperiodístico y acerca al espectador a una realidad que se escenifica ante nuestra vista con la perfección de un momento que aspira a su trascendencia. |