"Mi nombre es Rodríguez… acá el compañero Segura… Nuestra misión es instalarle unos micrófonos en su casa para escuchar sus comentarios antigubernamentales".
Así comienza el cortometraje Monte Rouge, una inusual sátira de la omnipresencia del espionaje del Estado en la vida de los cubanos de la Isla, que circula de mano en mano en Cuba y en Miami.
En la cuerda del absurdo, el filme narra la visita de dos agentes de la Seguridad del Estado a Nicanor, un chofer del ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos) que se dedica a vender gasolina y es además corredor de permutas ilegales, a quien consultan dónde deben colocarle los micrófonos como parte de una "experiencia piloto" del órgano represivo cubano.
"Ni siquiera lo disimulan, qué desfachatez", dice Nicanor O'Donnell, interpretado por Luis Alberto García.
"Usted vive solo. El Estado le asigna dos micrófonos para sus necesidades. Hay familias de 10 que se pasan el día echando pestes de las oficinas de urbanismo, de la vivienda, y por ahí para arriba de cualquiera, y no hemos podido instalarles ni un solo micrófono. ¡Coño, qué más quisiéramos nosotros!", le responde Rodríguez, que encarna Néstor Jiménez.
En otra parte del corto, Segura, que registra la casa mientras Rodríguez conversa con Nicanor, le muestra con mirada cómplice el número 24 de la revista Encuentro de la Cultura Cubana, pero este le hace un gesto con la mano, como indicando que deje pasar ese desliz.
Eduardo del Llano interpreta a Segura y es también guionista y director del corto de casi 15 minutos, filmado en formato digital en su propia casa en La Habana el año pasado, a un costo de alrededor de 500 dólares. Raúl Pérez Ureta, un veterano del cine cubano, hizo la fotografía, mientras que el trovador Frank Delgado compuso e interpretó las dos canciones que conforman la banda sonora.
Tanto Del Llano como García y Pérez Ureta participaron en Alicia en el pueblo de maravillas (1991), una acerba crítica al sistema cubano que fue retirada de cartelera a pocos días de su estreno, en medio de la diatriba de la prensa oficial cubana y la movilización de militantes del partido y la juventud comunista a los cines.
Con el antecedente de la censura oficial a Alicia… y otros filmes, Monte Rouge ha desconcertado a los cubanos de Miami —causando sorpresa y, en algunos, suspicacia—, por su osadía en ridiculizar y criticar a la Seguridad del Estado, derribando uno de los tabúes de la sociedad cubana.
Cuando los agentes deciden que los micrófonos deben instalarse en el baño, porque es el lugar con mayor acústica de la casa, le piden a Nicanor que haga una prueba de sonido diciendo una frase subversiva. "Me encantaría tener una antena parabólica", confiesa el hombre. Al final, el agente Segura le dice en un aparte que se la puede conseguir, pero le pide que no le diga nada a Rodríguez, "que es un poco cuadrado".
Un canal local de televisión de Miami llegó a exhibir íntegramente Monte Rouge, elogiando la valentía de los realizadores. En una reciente entrevista con la agencia Reuters, Del Llano se quejó de la "excesiva politización que hay en Miami sobre todas esas cosas", y de que los canales de televisión no lo consultaron ni le pagaron derechos de autor por la exhibición.
De cualquier modo, numerosas copias del material circulan profusamente en formato DVD, tanto de mano en mano como a través de tiendas de vídeo. En Cuba, no fue admitido en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana en diciembre, ni en la última IV Muestra de Jóvenes Realizadores, algo que lamentó Luis Alberto García en declaraciones trasmitidas por el canal 23, de la televisión de Miami.
"El sueño de todos es que se exhibiera, que se viera, me ha sorprendido este fenómeno, que la gente lo copie en las computadoras y lo trasmita", dijo.
Para el crítico Alejandro Ríos, promotor y organizador de ciclos de cine cubano actual en Miami, la intención de la película no es para nada inofensiva.
"Esta es la versión cubana de la preocupación de Kafka por la impunidad de los órganos policíacos, y el que no lo quiere ver es porque está ciego. Están metiéndose con la Seguridad, con gente que sin orden judicial ni nada entra a tu casa, te registra y te pone micrófonos para oír qué habla un simple chofer del gobierno. Es un filme totalmente crítico de la represión. Si los realizadores tienen que recurrir, por miedo, a determinadas declaraciones para defenderse, bienvenido sea ese miedo".
Por otra parte, Ríos consideró que el gobierno cubano no está en posición de crear un conflicto con artistas cubanos consagrados, como Luis Alberto García, protagonista de numerosas películas en los últimos 20 años, y que por ello se hace de la vista gorda ante una película tan crítica
Para el cineasta Orlando Rojas (Una novia para David, Papeles Secundarios), la osadía de Monte Rouge no es un fenómeno aislado, y recordó los cortos En vena, del fallecido Terence Piard, y Todo por ella, de Pavel Giroud, sobre la drogadicción juvenil.
"El ICAIC produce cada vez menos, y cada vez peor. La entrada en Cuba del vídeo digital ha democratizado la producción, y se ha convertido en una alternativa a las producciones financiadas por el ICAIC", dijo Rojas, exiliado en Miami desde el 2003, y quien en 1995 sufrió la censura de su proyecto cinematográfico Cerrado por Reformas.
"La tecnología digital posibilita que se hagan este tipo de películas cortas, que no requieren de muchos recursos ni mucho tiempo para hacerlas, y pienso que esta alternativa va a seguir floreciendo", agregó. |