www.cubaencuentro.com Viernes, 18 de julio de 2003

 
  Parte 1/2
 
La casa por la ventana
La Habana pretende embarcarse en la organización de los Juegos Olímpicos de 2012.
por MICHEL SUáREZ, Valencia
 

Cuando se celebraron los XI Juegos Panamericanos de 1991, Cuba se vio obligada a desembolsar una cantidad nunca bien precisada, a las puertas de la mayor crisis económica de su historia. Si bien dicho trance era imposible de prever —al serle otorgada la sede unos años antes del colapso socialista—, el Gobierno no capituló, como era de esperar, y se jugó el todo por el todo. Después de los juegos vino lo peor.

COC

Con cierta preocupación se escucha por estos días la solicitud de La Habana para organizar las Olimpiadas de 2012. La mayor inquietud se ha percibido en quienes aún dependen de la miserable libreta de racionamiento alimentario, del feroz camello Vedado-San Agustín, o de San Pedro, ese estricto gerente del agua potable que sólo les visita —con mucha suerte— una vez por semana.

Posiblemente nadie ponga en duda que Cuba y su gente merecen la celebración de una fiesta deportiva de tal naturaleza. Al fin y al cabo, los resultados deportivos de la isla caribeña han sido elocuentes a través de los años, y el Gobierno cubano —como el resto de los regímenes comunistas o fascistas— siempre se empeñó en potenciar el desarrollo deportivo como eficaz pancarta propagandística. Algunos atribuyen a esa cuestión el descenso deportivo actual de determinados países ex comunistas de Europa oriental. Pero lo cierto es que, más que incentivar la actividad deportiva per se, Castro ha buscado convertir el deporte en una poderosa arma de combate —junto a la sanidad y la educación—, donde ganar es un serio problema de Estado. Con toda y eso, la nación antillana exhibe hoy índices respetables en varias disciplinas, y ciertamente hay un reconocimiento internacional en el tema. Pero lo cortés no quita lo valiente.

Echando a un lado las ramas, hay que aceptar que la solicitud de Cuba de la sede olímpica de 2012 es una burla cruel del Gobierno hacia el ciudadano común, en un país que no ha logrado producir leche de vaca para los niños más allá de los siete años de edad. Seguramente alguna de nuestras abuelas podría definir mucho mejor lo que se siente en un caso como éste. Algo así —obviamente parodiado— como "querer lanzarse un mal ejemplo más alto que el sitio donde éste se produce".

Con tal de marcar un punto de giro en la actual escalada de críticas contra la Isla por la situación de los derechos humanos y de alcanzar una cobertura mediática como la de las visitas del Papa y Carter, el dueño de Cuba está dispuesto a organizar una guerra por la sede olímpica, en la que echará mano a todo su arsenal contra las "grandes potencias" e intentará sublimar la "heroica capacidad de un pequeño país".

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