www.cubaencuentro.com Martes, 10 de junio de 2003

 
   
 
Paradojas y alineaciones
En ocasiones, las estadísticas no se corresponden con el valor que determinados managers conceden a determinados jugadores.
por ALBERTO ÁGUILA, Miami
 

En el béisbol de Grandes Ligas existen numerosos aspectos a evaluar, entre ellos dos de particular importancia (aproximados, pero no iguales): la calidad y la popularidad de cada pelotero. Hay jugadores que tienen todo el favor del público, aunque para sus managers ello no es vital. En muchas ocasiones éstos prefieren a un atleta de clase por encima del que recibe más aplausos, fotos y escritos en los medios de difusión.

David Seguí
David Seguí enfrenta al abridor de los Rangers de Texas, Ismael Valdés.

Las estadísticas que a diario se llevan y que están íntimamente relacionadas con la actuación individual, representan algo así como el brazo derecho de los mentores para situar las alineaciones. Y para la mayoría de los columnistas deportivos son la base fundamental de sus comentarios. Sin embargo, hay momentos en este deporte en que los numeritos no reflejan el valor real que cada jugador tiene para determinado equipo.

En el Kansas City, por ejemplo, Raúl Ibáñez —nieto de Amado Ibáñez, un popular segunda base de la Liga Cubana de Béisbol— es el cuarto bateador de la novena, pero sus guarismos, si se les compara con los de otros que ocupan ese mismo puesto en diferentes clubes, no son como para elogiar. No obstante, determinada clase debe poseer para ocupar turno tan distinguido. Por otro lado, David Seguí, el primogénito del pitcher Diego Seguí —un cubano que jugó en Grandes Ligas—, es el tercero en la tanda de los Orioles de Baltimore, y ya se sabe que aparecer en ese puesto ofensivo significa ser el mejor toletero del conjunto. Pero sus datos nunca han sido llamativos.

En las últimas campañas, uno de los mejores segundas bases del Big Show ha sido Fernando Viña. Siempre lo sitúan de primer bate en los potentes Cardenales de San Luis y, curiosamente, nunca aparece entre los primeros de los departamentos considerados como muy importantes para los hombres que abren la tanda: las bases robadas, la velocidad pura, la agresividad constante y las bases por bolas recibidas, puntos vitales que calzan la ubicación del pelotero proa en la alineación. Así las cosas, debe de tener mucho valor para el manager Tony La Russa, que lo mantiene ahí.

Hay otra clase de peloteros, bendecidos o no por la prensa, como José Canseco y Rafael Palmeiro. El primero siempre se llevó los titulares, pero a la larga emergió el segundo. Catalogado ahora como un gran bateador por su arribo a la valiosa meta de los 500 jonrones y las 1600 impulsadas, desde hace mucho tiempo Palmeiro clasificaba como uno de los estelares. Sin mayores reconocimientos, quizás porque casi siempre había estado situado a continuación de "los más grandes", como ocurre precisamente ahora: ocupa un puesto detrás de Alex Rodríguez o de Juan González. Tal vez el hecho de que nunca obtuviera el primer puesto en jonrones o impulsadas en una temporada, ha influido en ello.

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