www.cubaencuentro.com Viernes, 18 de julio de 2003

 
  Parte 1/2
 
Washington: ¿La revolución permanente?
La celebración del Día de la Independencia de Estados Unidos, una perenne contradicción entre renovarse o declinar.
por ALBERTO F. ÁLVAREZ GARCíA
 

Nueve años después de convertirme en un hombre libre al abandonar Cuba, pude satisfacer una de mis mayores curiosidades personales: participar en una celebración del Día de la Independencia de los Estados Unidos.

Zancos
Bandera norteamericana: poder, expansión y fiesta.

Un servicio especial de El Nuevo Herald, desde Washington, apuntó que los estadounidenses intentaron disfrutar del Día de la Independencia "a la manera tradicional, con barbacoas y fuegos artificiales", y que incluso con la "mala situación económica, con el desempleo en el 6,4 por ciento (el más elevado desde 1994), se olvidaron durante unas horas para dar paso a las hamburguesas, la cerveza y la charla en el jardín o en los parques con la familia y los amigos". En realidad, yo observé mucho más que eso.

Allí en el Mall, esa hermosa área de jardines situada entre la Casa Blanca y los monumentos a Lincoln, Washington y Jefferson, vi congregarse durante varias horas a más de medio millón de personas de forma alegre y entusiasta. Vi desfilar cientos, tal vez miles de personas que llevaban puloveres, ropas y gorras con la bandera de EE UU, y muchos otros que portaban con orgullo la insignia nacional. Mientras esperaban la hora del lanzamiento de los fuegos artificiales, o al retirarse del lugar, varias personas gritaban consignas patrias como: ¡Estados Unidos va!

Este medio millón de personas que participaron en dicha celebración en la capital federal, lo hicieron de forma completamente voluntaria, sin que nadie los movilizara ni dispusieran de autobuses o de recursos coercitivos a tales efectos. Ellos se encontraban allí para recordar el 4 de julio de 1776, fecha en que los padres fundadores, mediante la Declaración de Independencia, dieron nacimiento a los Estados Unidos como una nueva nación libre e independiente; guiados, fundamentalmente, por el principio de que "todos los hombres fueron creados por igual, que su Creador los ha dotado de ciertos derechos inalienables, entre los que se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Que para asegurar estos derechos se instituyen los gobiernos entre los hombres, los cuales derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados".

Con esa idea como base, surgió así la nueva nación con las limitaciones históricas del momento, con aquellas imperfecciones propias de toda obra humana. Trajo también consigo las contradicciones inherentes de sus fundadores, entre ellas, las de Washington, Jefferson y Madison. Principalmente, las de los dos últimos que, junto a sus avanzadas ideas y luchas por la igualdad entre los hombres, poseyeron esclavos, incluso después de la independencia. A pesar de ello, desde aquel grupo de colonias inglesas como punto de partida, los estadounidenses supieron construir una nación unida que habría de convertirse en la más fuerte economía y potencia del planeta. Además de confrontar en su trayectoria histórica las luchas por consolidar la democracia y los derechos de sus ciudadanos con sus proyecciones imperiales.

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