www.cubaencuentro.com Jueves, 06 de noviembre de 2003

 
  Parte 2/2
 
Barcelona: Dos damiselas
Exilio, destierros, entierros: reminiscencias de La Giraldilla, el equivalente habanero de La Dama del Paraguas de la Ciudad Condal.
por MANUEL PEREIRA
 

En La Habana había quedado su esposa, Isabel de Bobadilla, como gobernadora de la Isla. Ella lo esperó hasta el final. Siempre subía a la atalaya del Castillo de la Fuerza, desde donde oteaba el horizonte, esperando ver entrar a su esposo rejuvenecido por la bocana del puerto. Esperó y esperó, durante meses, durante años, hasta que el óxido de aquella espera estoica la convirtió en la veleta de un torreón. Y aún sigue allí, más de cuatro siglos después, siempre esperando, cubriéndose de verdín.

Como en un sistema de vasos comunicantes, estos trasiegos mitológicos son algo más que arqueología, pues contienen la clave de nuestra época actual: búsqueda de la Fuente de la Eterna Juventud en la Florida, regresos a La Habana para morir, sepulturas fluviales en ríos lejanos, esposas que esperan en vano el regreso de sus maridos. Todas esas frustraciones configuran el misterio más tenaz que vincula a Cuba con la Florida: Ulises que nunca retornan, que se alejan buscando esa fuente de aguas mágicas —o lo que es igual, una Nueva Vida Mejor— y Penélopes que envejecen en alguna Ítaca olvidada.

Cada vez que voy al Parque de la Ciudadela y veo a La Dama del Paraguas, me acuerdo de nuestra Giraldilla. Y siempre que la veo, me pregunto: ¿cuántas esposas, madres, abuelas, hermanas, hijos, están ahora mismo, en La Habana y en toda Cuba, esperando un milagro que permita el regreso definitivo de sus seres queridos desterrados en la Florida?

Cada vez que la veo, tan amable y gentil, con su paraguas, le pregunto: ¿cuántos balseros muertos en diversas circunstancias en alta mar, cuántos entierros —ya no fluviales, pero sí marítimos— han tenido y siguen teniendo lugar en ese Estrecho de la Florida que es nuestro cementerio marino? ¿Cuántas familias separadas, divididas, incluso a veces enemistadas, y todo por culpa de un sueño hace mucho fracasado que origina otros sueños en Florida y en todas las Floridas del mundo?

Sería obsceno echarle la culpa de tantas tragedias al sueño que emana de Florida, porque nadie en su sano juicio arriesga la vida, ni deja atrás lo más querido, para irse a buscar ningún sueño a otras tierras, a menos que en su país natal esté prohibido soñar por decreto.

¿Cuántos sueños convertidos en pesadillas? ¿Cuántos naufragios? Todo eso metaforiza hoy La Giraldilla, más allá del infortunio de la esposa de Hernando de Soto. Florida. Miami. Exilio. Destierros. Entierros. La muerte en la lejanía, que es la muerte elevada al cuadrado. ¿Cuántas Giraldillas hay en Cuba esperando el reencuentro, una carta, una fotografía, cualquier señal? Y del otro lado del Estrecho, lo mismo: todos esperando, siempre esperando, como La Giraldilla patinada de herrumbre en lo alto de su atalaya.

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