www.cubaencuentro.com Jueves, 29 de enero de 2004

 
  Parte 1/2
 
Santo Domingo: Costuras evidentes
'Llegó la Gestapo': La presencia de personal diplomático cubano en la cotidianidad de República Dominicana alcanza tintes excesivos.
por LUIS GONZáLEZ RUISáNCHEZ
 

Los descalabros de la economía dominicana tienen un nombre: Hipólito Mejía, un personaje que en casi cuatro años de presidencia ha llevado al país al estupor y la bancarrota, ha producido tantas sonrisas como ruinas, y pretende demostrar que un país se dirige como una bodega —a la vieja usanza de 1910—, sin saber nada de nada.

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Santo Domingo: ¿Una nueva cubanización?

Esa personalidad es culpable, según el consenso nacional, de que la gasolina esté a precios estratosféricos. Pero más allá de que responsabilicen a Mejía porque República Dominicana haya retrocedido diez años en apenas diez meses, la suspensión de las entregas de petróleo por parte de Venezuela al gobierno dominicano son, en realidad, aristas de un juego desleal.

Hugo Chávez acusó a República Dominicana de otorgarle asilo a dos militares de la Plaza de Altamira y exigió al gobierno dominicano una investigación para poner en evidencia planes de atentados contra él, supuestamente gestados en Santo Domingo.

La realidad fue que, aunque la oposición política a Mejía y las entelequias de las izquierdas nacionales atacaron al presidente por no complacer a Chávez, los cuerpos de investigación dominicanos brindaron un informe a Caracas probando la inconsistencia de esas acusaciones. Para esos tiempos, el mismo Carlos Andrés Pérez, que suele vivir temporadas en Dominicana, estaba residiendo en Nueva York.

Tras la caída por su propio peso de estos argumentos, el presidente venezolano buscó otros destinos para sus denuncias de magnicidios, aprovechando la ocasión para, de queja en queja, suspender envíos de petróleos, incumplir compromisos bajo la excusa de atentados en su contra y poder mantener los envíos gratuitos de petróleo a La Habana, con los que corteja a Fidel Castro.

Pero eso es sólo el inicio de una historia que vincula a Caracas y Santo Domingo.

Con la excepción de Miami, por razones obvias, y Ciudad México, donde los órganos de inteligencia cubanos campean por su respeto desde hace cuatro décadas, Caracas era el centro de la atención cubana por la afluencia de exiliados y figuras de la lucha contra Castro.

La llegada de Hugo Chávez comenzó a hacer variar esta calificación que, a partir de entonces, ha derivado hacia República Dominicana, donde la comunidad cubana se ha multiplicado asombrosamente en los últimos años, convirtiéndose de "exilio en tránsito" hacia EE UU a un exilio que fija residencia y amplía su presencia en todos los aspectos de la vida nacional.

Parte de esa verdad fue la sustitución del embajador cubano en Santo Domingo. Los sucesos ocurridos en Montecristi a raíz del centenario de la República de Cuba (20 de mayo de 2002) demostraron la cohesión del exilio ante las provocaciones de la embajada de Cuba en Santo Domingo y grupos pro Fidel Castro, alimentados (en todos los sentidos) por la sede diplomática de La Habana en este país.

La torpeza de esas manipulaciones obligaron al gobierno cubano a buscar un sustituto más eficiente en estas confrontaciones, y fue nombrado entonces un ex agente internacional formado a la sombra del Comandante Barbarroja en las andadas del Departamento América, Omar Córdoba, quien ya era conocido por sus contactos con la izquierda extrema dominicana.

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