www.cubaencuentro.com Viernes, 16 de julio de 2004

 
  Parte 2/2
 
La Habana: Bumerang de verano
¿Solución o remiendo? Las nuevas medidas de Washington se suman ahora a la agonía cotidiana del cubano de a pie.
por IVáN GARCíA
 

Cada nueva vuelta de tuerca al embargo, o leyes como las aplicadas por la administración Bush a partir del 30 de junio, desatan una feroz propaganda de los medios en Cuba y tratan de vender la imagen de "víctimas del imperialismo yanqui". Claro, el pueblo no es bobo. Cierto que Bush no es bien visto por muchos en la Isla, pero a Castro, además de aburrir con su largo discurso, ya una gran parte de los cubanos le piden a gritos los cambios que traigan nuevos bríos a la economía y la vida del país.

"Bush es un estúpido que no ha sabido enfocar la guerra contra el terrorismo y tampoco ha acertado en su respuesta a la represión en Cuba. Deseo que llegue noviembre para que salga como bola por tercera de la Casa Blanca", alega Luis Martín, 23 años y estudiante de arquitectura, quien piensa que John Kerry, candidato demócrata a la presidencia, ocupará el poder en las elecciones de otoño.

El camino errado

En Cuba todo va de mal en peor. La economía no crece y las inversiones extranjeras cayeron un 50% en comparación con 1998. Hay entre 500.000 y 800.000 trabajadores excedentes de sus puestos laborales, y la deuda externa supera los 12.000 millones de dólares. Y no se ven soluciones a corto plazo. Cuba no está integrada al ALCA, ni a ningún otro acuerdo comercial serio.

No puede acceder a préstamos del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo. Depende exclusivamente del turismo, el níquel, el tabaco y las remesas familiares, principal rubro económico con más de 800 millones de dólares frescos para las arcas del gobierno.

En este siglo XXI, los casi dos millones de cubanos exiliados que viven por medio mundo son de importancia estratégica para Castro. Por supuesto, los emigrados no pueden olvidar que el comandante está lejos de ser el santo padre de la reunificación familiar. Todo lo contrario. Si alguien ha humillado y ninguneado a la emigración cubana, ese es Fidel Castro.

En los años sesenta, setenta y ochenta, ser emigrante era la última carta de la baraja. El gobierno los llamaba "gusanos" y reprimía a aquellos parientes que desde la Isla mantenían contacto por carta o teléfono con su familia. Ningún cubano que se respete puede olvidar 1980.

En ese año negro salieron a la luz los bochornosos actos de repudio —émulos de actos similares que practicaban los gobiernos fascistas de Hitler y Mussolini—, que tuvieron que sufrir en carne propia más de 120.000 cubanos que emigraron por el puerto de Mariel. En esos actos de repudio se llegó a las vejaciones y a la violencia física.

También Castro prohibió, hasta 1993, la tenencia de dólares que enviaban familiares desde EE UU. Muchos pasaron por la prisión por poseer el billete verde el enemigo. La sola idea de marcharse del país podía costar años de cárcel. Eso no lo pueden olvidar los cubanos del exilio, ni los que viven en la Isla. Al régimen cubano jamás le ha interesado la unión familiar ni el exilio. Ahora, en estos tiempos, sólo por interés político y económico, y por que necesita los dólares más que nunca, ha derogado leyes que penaban la "salida ilegal" y la "tenencia de dólares", y promueve con desespero la unión familiar.

Pero que Castro haya sido implacable con los exiliados cubanos no es óbice para que Bush implementara las nuevas medidas. La razón es una y simple: el único afectado es el pueblo cubano. Pueblo que no tiene por qué tener vocación de mártir, ni madera de héroe, y que ha sufrido con las numerosas improvisaciones económicas, guerras en África, penurias materiales, falta de comida, agua, luz y dinero, por parte del gobierno cubano, para añadir la pesada cruz que intenta echar sobre sus espaldas el presidente norteño.

Anoten esta cifra: cerca del 60% de los cubanos reciben de una forma u otra remesas familiares. Si el presidente Bush cree que con presiones de este tipo la gente se lanzará a las calles y sucederá una revolución de terciopelo, puede que esté equivocado. La mayoría del pueblo y el exilio cubanos desea cambios. Pero ese no es el camino.

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