www.cubaencuentro.com Miércoles, 15 de diciembre de 2004

 
  Parte 2/2
 
El peso in-convertible
Dicho en buen cubano: la moneda de Castro no tiene vuelto.
por MIGUEL COSSíO WOODWARD, México D.F.
 

El problema, sin embargo, es que el peso convertible no es reversible desde el punto de vista práctico, incluso técnico. Ese peso no puede, como demandaría el diccionario, ser convertido o transformado otra vez en dólar o —en un caso de locura súbita, en peso común y corriente—. Dicho en cubano: no tiene vuelto.

Quienes paguen un diez por ciento más por cambiar sus dólares en esos instrumentos popularmente llamados "chavitos", no tienen derecho a que se les reintegre tal cantidad si quieren llevarlos a dólares de nuevo. Y desde el punto de vista de las finanzas globales, si todos los poseedores de pesos convertibles quisieran a la vez cambiarlos por dólares, la banca no podría responder a la demanda. Esto se debe a la sencilla razón de que en sentido estricto una moneda tiene que contar con un respaldo, un patrón que en el siglo diecinueve fue el oro, más tarde la plata, al cabo las reservas internacionales que garantizan su solidez.

Mientras no se fundamente lo contrario, se puede afirmar que el gobierno de Cuba está expidiendo pesos convertibles que carecen de sustento económico. Es decir, ha acudido al expediente de emitir moneda y lanzarla al mercado con el único fin de captar dólares y tratar de mantener su endeble maquinaria.

En buena ley, esto sería una medida inflacionaria. Lo que ocurre es que en el confuso escenario de la economía cubana la inflación se manifestará, primero y acaso subrepticiamente, en los precios de las mercancías que antes se adquirían directamente en dólares. Se dará enseguida en el plano más amplio del mercado negro, y en la terrible medusa de la corrupción que devora al régimen.

El peso inconvertible violenta asimismo las bases sagradas de la teoría marxista. Como se sabe, en El Capital, Marx estudió las distintas funciones de esa mercancía llamada dinero, e indicó que su misión primordial es servir como medida general de valores, algo evidentemente ajeno al úkase castrista.

En la metamorfosis de la mercancía, explicó el Viejo, sirve como medio de circulación; y la ley específica de la circulación de billetes, sentenció, es que "la emisión de papel moneda debe limitarse a aquella cantidad en que sin él, circularía necesariamente el oro (o la plata) representado simbólicamente por ese papel". El dinero tiene otras funciones, entre ellas las de atesoramiento, medio de pago e instrumento de cambio mundial, y es, como decía William Petty, la grasa del organismo del Estado.

Los funcionarios marxistas, ya no tan marxistas, intentarán justificarse en el más dialéctico razonamiento seudomarxista, diciendo que lo planteado entonces hay que verlo a la luz de la evolución del pensamiento económico contemporáneo, y que, al menos desde Keynes, hay un enfoque más flexible de la moneda como instrumento del Estado, aunque omitirán el calificativo de burgués para el Estado.

Fidel Castro, que desprecia la economía, confesará simplemente que se trata de una medida política, una más de sus respuestas apocalípticas a las "agresiones" del imperialismo. Pero los cubanos de a pie, que son los que viven y sufren la realidad, querrán seguramente encontrar alguna checa de fabulosas piernas que, mientras esperan el avión del mañana, les cambie rápidamente sus chavitos inconvertibles por una fría y espumosa cerveza.

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