www.cubaencuentro.com Viernes, 18 de julio de 2003

 
  Parte 1/3
 
La lucidez convidada
Liduine Zumpolle, coordinadora del Departamento Latinoamericano de Pax Christi Holanda, evoca su estancia en Cuba desde el análisis de la realidad nacional.
 

¿Qué es Pax Christi?

Pax Christi es una organización internacional por la paz y los derechos humanos, que surgió después de la II Guerra Mundial como movimiento de reconciliación entre civiles franceses y alemanes. El movimiento es de origen católico, siempre ha estado vinculado a la iglesia católica, pero es independiente. Es un órgano de consejo hacia las conferencias episcopales y el Vaticano, sobre cuestiones de justicia social, paz, etcétera. La seccional holandesa se fundó a finales de los años cuarenta y estuvimos haciendo muchas cosas en ese campo,
L. Zumpolle
Liduine Zumpolle.
más que todo, los primeros años, en la no violencia y en la movilización de los jóvenes por la paz. Grandes marchas o caminatas de días y días para la juventud, para que se discutiera sobre temas internacionales de importancia, de justicia social.

Después Pax Christi, junto con otros movimientos por la paz en Europa, estuvo involucrada en la corriente contra el armamento nuclear, en los años setenta y ochenta. Hoy en día tenemos 24 seccionales en todo el mundo. La seccional holandesa es una de las más grandes. Estamos en el este de Europa, en el Medio Oriente y en varias ciudades de América Latina.

¿Cuál ha sido su experiencia en Cuba?

Nuestras contrapartes en diversos países de América Latina insistieron en que Pax Christi, como organización de la paz europea, tenía que ir a Cuba. Lo hicimos en 1991. Yo pensaba que sería bueno que Pax se metiera más en el campo ONG, no únicamente diplomático, para influir en la política europea y que ésta consiguiera un diálogo en Cuba, reformas sociales y políticas. Se consideraba en América Latina que un diálogo con el Gobierno cubano era muy necesario, y así surgió la idea. También en aquel tiempo se dijo que se debía ayudar al Gobierno de Cuba para que mantuviera los logros de la revolución: educación, salud y todo eso.

Fuimos allá y tratamos de entablar la primera vez, ingenuamente, un diálogo con el Gobierno. Fue una visita oficial, pero enseguida tuvimos un enfrentamiento muy grande, casi hubo una pelea física con el ICAP. Ahí mismo decidimos que ellos no podían dominar nuestra visita totalmente, de la mañana a la noche, con sus carros, con su omnipresencia … no podíamos hablar con nadie fuera de su programa. La suya era una posición feudal, racista, discriminatoria, apartheid. Luego del enfrentamiento nos fuimos por nuestra cuenta, en bicicleta, para mostrar nuestra independencia. De ahí salió nuestro primer informe. Y ya nunca más pudimos entrar, aunque ese informe dejaba abierta la posibilidad de un diálogo entre Cuba y Europa.

Entonces, nuestra pauta inicial fue promover el diálogo con el Gobierno. Y después la denuncia, la denuncia, otra vez la denuncia. Apoyar a la gente sin voz, darle una voz a escala internacional. Comenzar a dar a conocer qué había, qué grupos había. Era muy difícil, la primera vez que encontramos a Oswaldo Payá fue muy secreto, en una iglesia. Los jesuitas prestaron su parroquia, un cuarto muy oscuro, muy oculto, todos estábamos nerviosos.

Payá nos orientó muy bien acerca de cuál era la realidad cubana y qué debía hacer al respecto la comunidad internacional. Desde entonces estamos en ese plan. Primero, la denuncia. Segundo, buscar apoyo moral y político para la disidencia, o sea, la sociedad civil. La disidencia apenas existía en Cuba. Durante todos estos años hemos estado en eso, denunciando, apoyando a la disidencia.

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