Pero la Iglesia Católica es, prácticamente, la única organización independiente de la sociedad civil cubana con una presencia institucional. Más allá de su labor esencial evangelizadora y asistencial, ¿cómo asume la Iglesia esta posición única en la sociedad cubana?
La Iglesia, a lo largo de los últimos años, ha ido creciendo también en la conciencia de su papel como maestra, en el sentido de fuente de sensibilización, de formación humana, de formación cívica. Quizás el caso paradigmático sea el del Centro Cívico Religioso de Pinar del Río. Pero esto de alguna manera también está haciéndose en las otras diócesis.
La Iglesia realiza una labor de iluminación de las conciencias. Lo hacemos, por supuesto, en las homilías de los domingos, pero también se ha promovido la presencia de la Iglesia en el mundo de la prensa. Una prensa realizada con medios muy humildes, revistas, algunas con la calidad de Vitral,otras más modestas; pero, ciertamente, la Iglesia está consciente de que en este sentido tiene una misión que realizar.
Las semanas sociales, que se hacen todos los años; las semanas de estudios históricos, que se hacen cada dos años; congresos que se realizan con temas específicos, como el tema de Dios en la sociedad o el tema de la familia. El congreso sobre la familia se celebró recientemente en La Habana, anteriormente en Holguín. Todo esto nos muestra que la Iglesia está preocupada por la situación del país y está comprometida en ayudar a la gente a asumir sus responsabilidades y a formarse para hacer frente a esas responsabilidades. Por lo tanto, la Iglesia, cada vez más tiene una presencia en el mundo de la cultura, en el mundo de la familia, en el mundo de la sociedad.
¿Cae la defensa de los derechos humanos dentro de la misión social de la Iglesia?
Por supuesto. La única voz que se ha levantado aquí para defender a los prisioneros de conciencia, me decía la esposa de uno de los 75 encarcelados hace un año, ha sido la de la Iglesia Católica. Y no sólo eso. Estas personas están recibiendo ayuda continua de la Iglesia. Usted sabe que se ha puesto a los presos muy lejos de sus hogares. Las familias tienen que trasladarse en viajes de mil kilómetros, a veces más, desde Guantánamo a Pinar del Río, desde La Habana a Santiago de Cuba, y la Iglesia ha dado alojamiento, apoyo, a veces para trasladar a estas familias, ayudarlos con comida, en fin…
Y la esposa de este prisionero, que para en mi casa cuando va a ver a su esposo, que está en Guantánamo —ella vive en La Habana—, me decía: 'la única institución en el país que nos ayuda es la Iglesia'. Nosotros sentimos que tenemos esta responsabilidad. Pero la Iglesia no sólo trabaja con los presos de conciencia. Tenemos un trabajo muy fuerte con los presos comunes.
En mi parroquia, por ejemplo, tenemos un programa de atención para las ex presas, personas que salen de la cárcel con muchas heridas. Las ayudamos psicológicamente. Tenemos un centro para que aprendan computación, para que aprendan cómo defenderse en la vida. Y tenemos un programa para que estas personas que no encuentran trabajo al salir de la cárcel —en su mayoría madres de familia que no tienen cómo mantener a sus hijos— puedan hacer trabajos manuales, peluquería y cosas así, en los locales de la Iglesia, tener un trabajo honrado, rehacer sus vidas.
La Iglesia Católica ha tenido una vocación mediadora en los conflictos sociales. Usted, personalmente, solicitó al gobernante cubano un diálogo nacional en 1994. ¿Quiere y puede la Iglesia jugar este papel mediador entre las partes encontradas de la nación cubana?
Esta voluntad de la Iglesia, en cuanto al diálogo nacional, está expresada desde hace no menos de veinte años. Desde las primeras cartas pastorales que se hicieron a raíz del año setenta, que fue la primera, una y otra vez, sobre todo a medida que se ha ido agravando la situación de la convivencia social, del respeto a las libertades, y al mismo tiempo creciendo la conciencia —por lo menos en una parte de la población cubana—, de que ellos necesitan un espacio social y político, que ellos quieren ser protagonistas de sus vidas, como dijera el Papa cuando estuvo en Cuba, que ellos quieren vivir siendo ellos mismos, no que les digan lo que tienen que hacer, lo que tienen que pensar… |