Ese entorno difícil al que se refiere ha existido siempre. Sin embargo, cuando usted habla de las medidas comerciales de EE UU, pudiera pensarse que las mismas tienen una incidencia directa en las políticas económicas que son aplicadas por el gobierno. ¿Es ese su punto de vista?
Mi punto de vista es que no conozco ningún embargo que haya beneficiado el desarrollo de los derechos humanos. Es algo que crea penurias, que necesita por lo menos una reflexión, porque los embargos penalizan a la población y provocan, prácticamente todo el tiempo, una política de represión. El comité encargado de los derechos sociales y económicos ha adoptado una observación general para identificar todas las afectaciones directas que emanen de un embargo sobre esos derechos. Pero eso no significa que haya un entorno desfavorable.
No digo que haya un efecto directo. Porque no se está obligado a reprimir la libertad de prensa y de expresión bajo el pretexto de una situación de embargo. Creo que no hay un entorno favorable, pero no creo que haya ningún efecto directo. En revancha, desde mi punto de vista, tendrían un efecto mucho más directo las leyes norteamericanas a las que me he referido antes. Creo que los opositores han sido puestos en peligro por esas leyes, tal como lo denunció el propio ex presidente James Carter.
Usted ha hablado de medidas extremas, como la aplicación de la pena de muerte durante la ola represiva y también del acoso a las familias de los prisioneros. ¿Piensa utilizar el ámbito de la Comisión para abordar este problema o hacer algún tipo de llamamiento?
Claro que preveo tratar este problema, aunque no exactamente del acoso. La situación se presenta de esta manera. Hay personas enfermas, entradas en edad, personas que no aceptan cohabitar con prisioneros comunes. Y es lógico comprenderlos. El problema es que frecuentemente son trasladados de una prisión a otra, lo que hace difícil el contacto con sus familiares. Y de ello debo informar a la Comisión.
Usted ha hecho diez recomendaciones. ¿Qué espera conseguir?
Hay dos cuestiones diferentes. Primero, lo que recomiendo. Segundo, lo que espero. En realidad, no gran cosa, y ello por una razón muy simple: el mandato no ha sido aceptado (por Cuba). En todo caso, no creo que mis recomendaciones sean aceptadas en lo inmediato, pero espero que un día sean tomadas en cuenta.
En lo que respecta a mis recomendaciones, están orientadas a que Cuba se adapte a las normas internacionales. Para garantizar este ajuste, que se adhiera a los dos Pactos (el Pacto Internacional sobre los Derechos Civiles y Políticos y sus dos protocolos facultativos, así como el Pacto Internacional sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales). De esta manera, el Comité de Derechos Humanos tendría la posibilidad de contar con un informe hecho por Cuba, discutirlo y así hacer valer sus posiciones.
En el sistema de derechos humanos de la ONU hay todo un procedimiento en ese Comité, a título del Pacto. Cuando hay situaciones excepcionales se tiene la posibilidad de adoptar medidas excepcionales, siempre que sean proporcionales y justificadas.
Si Cuba estuviera conforme con esas prácticas, que han sido suscritas por 180 Estados en el mundo, pues naturalmente no estaríamos en esta situación.
Christine Chanet prefirió mantener en la confidencialidad el nombre de las organizaciones no gubernamentales y de los opositores que se entrevistaron con ella, tanto en la sede de la ONU en Nueva York como en Ginebra, para no hacerles correr riesgos.
Quiso dejar bien claro que no hizo selección de ningún tipo. Se reunió con todos los que quisieron entrevistarse con ella, aunque sí hizo una selección entre las informaciones recibidas, ya que algunas eran verdaderamente muy polémicas, muy implicadas. No obstante, intentó cruzar esas informaciones con otras ofrecidas por ONG, relatores especiales, otras instancias de la ONU y por representantes de Estados que "tenían algo que decir, porque de una u otra forma conocen bien la situación de Cuba, y muy en especial algunos de América Latina".
Si bien la relatora ha podido entrevistarse con personas que viven en el exilio, tanto en Estados Unidos como en Europa, no tuvo acceso directo a personas en el interior de Cuba, pero sí indirectamente. No obstante, ha obtenido informaciones sobre la tendencia de personas que se encuentran aún en la Isla y que no están detenidas. De ahí que insista en que toma mil precauciones, porque no quisiera que esas personas, por haber estado en contacto con ella, sean encarceladas ulteriormente. |