El jazz latino está de fiesta. Nace el palacio del jazz en el Time Warner Center, de Nueva York, hogar del jazz del Lincoln Center y de su bien amada hija, la Afro-latin Jazz Orchestra, una big band de metales y percusión bajo la dirección del pianista Arturo O'Farrill. ¿Puede un edificio bailar, cantar y marcar el ritmo de la música? Pues esta casa del swing, que se estrenó el 18 de octubre pasado, en el último rascacielos vanguardista construido en La Gran Manzana, frente al Parque Central, promete bailar, con la más trepidante, acariciadora y libre de las músicas.
Este multipropósito Centro del Jazz contiene la gran sala The Rose Theater (1.231 lunetas), una más pequeña, The Allen Room (550), y un espacio íntimo para descargas, el Dizzy's Club (en homenaje a Dizzie Gillespie). Las tres salas han sido diseñadas para lograr una interacción entre la audiencia y los músicos. Como en el antiguo teatro arena, el público rodeará a los ejecutantes.
A su vez, los tres escenarios se adaptarán a otras disciplinas como la ópera y el teatro dramático. El complejo también ofrece El Salón de la Fama del Jazz, salas de exposiciones y varias aulas para la educación musical. El Centro marca el retorno del jazz al área donde se escuchó por primera vez, en 1917, la original Dixieland Jazz de Nueva Orleans, la sala Reisenweber's de la 8va Ave. y la calle 58, en el corazón de Manhattan.
Hijo de gato caza ratón
Arturo O'Farrill, el director de la Afro-latin Jazz Orchestra, nació en México y creció en Nueva York, entre los trepidantes sonidos del afrocuban jazz. No tenía escapatoria. No si se es hijo de Chico O'Farril, uno de los grandes compositores y el más grande arreglista del afrocuban jazz, y en su casa se cocinaba para Machito, Mario Bauzá y los dos Tito, Puentes y Rodríguez.
Recuerdo a Chico O'Farrill en el Cuban Jam, del Town Hall Theater, en 1997. Esa noche el Centro Cultural Cubano de Nueva York lo galardonó por su monumental trayectoria en la música cubana. Lo admiraba desde siempre. Con su boina y su humildad de artista grande. Lo disfruté en varios conciertos en el ocaso de su vida y, en todo su esplendor, frente a su gran orquesta, en la película Calle 54 (de Fernando Trueba). ¡Qué manera de hacer sonar los metales! Al piano estaba su hijo, Arturo, para reafirmar que hijo de gato caza ratón.
La historia musical de Arturo comenzó siendo apenas un adolescente, tocando el piano en la Carla Bley Big Band. Luego se desarrolló como solista junto a los grandes: Dizzie Gillespie, Steve Turre, Papo Vázquez, The Fort Apache Band y Wynton Marsalis. En 1995, pasó a dirigir la banda de su padre, la Chico O'Farrill's AfroCuban Jazz Orchestra, residente en el legendario club Birdland, de Manhattan, y con la que Arturo ha viajado el mundo. Su nombramiento al frente de la Afro-latin Jazz Orchestra es un reconocimiento, no sólo a su meritorio trabajo como pianista, orquestador y director, sino también a la influencia de los ritmos cubanos en el jazz y a la monumental obra de su padre. Las siguientes preguntas son para Arturo O'Farrill.
¿Por qué Afro-latin Jazz Orchestra y no Afro Cuban, como seguramente la nombraría su padre?
En la actualidad, el término afro-cuban resulta limitado. Es arbitrario para describir una música que puede acercarse más a la salsa puertorriqueña, con raíces en la plena o la bomba, o brasileña con ritmo de bossa nova o samba. Es cierto que la base del jazz latino son los ritmos cubanos, que se remontan (en Nueva York) a la época del mambo, que se tocaba en el Club Palladium; pero no podemos negar que, desde entonces, ha llovido mucho, y se han integrado al jazz ritmos de tantos países latinos, como componen La Gran Manzana.
¿Cuánto ha influido la música cubana en el jazz?
¿Has oído hablar de Jelly Roll Morton y el toque español? Pues no era más que el ritmo habanera, que vino de Cuba a través de Nueva Orleans. Y es así como el jazz, ya con influencia cubana, comenzó en Nueva Orleans y se extendió al mundo. Luego la música cubana se extendió a Puerto Rico, Colombia, Venezuela, Panamá. Y de ahí, mezclada con la bomba, la plena, los aires andinos, volvió al jazz. No podemos olvidar que la mezcla de ritmos europeos y africanos ocurrió también en Brasil y en otros países del Caribe.
¿Continúa esta influencia?
El jazz bebe de la música latina, y ésta del jazz. El jazz es regido por el swing, mientras que la base de la música latina es la clave. Lo latino ha marcado a grandes del jazz como Wynton Marsalis y Joe Lovano. Pero pocos hablan de la influencia del jazz en la música cubana. El jazz modificó nuestra manera de escribir canciones, las improvisaciones, las armonías, los solos de los intérpretes. No hay más que ver en Cuba ese bolero que los cubanos llaman filin, y, más acá, la música cubana bailable actual: la timba tiene una gran influencia del jazz.
Háblenos de Afro-latin Jazz Orchestra…
Hemos reunido a los mejores músicos. Tenemos al saxofonista puertorriqueño Mario Rivera, uno de los héroes olvidados; al bajista Andy González, el más grabado de nuestra época. Todos los integrantes de la orquesta son improvisadores, grandes ejecutantes y artistas. Pensamos interpretar lo mejor de la música afro-latina, tanto de los clásicos como de los más jóvenes. Debemos apoyar a la nueva generación de compositores, arreglistas e intérpretes.
¿Cuál fue la enseñanza mayor de su padre?
Aprendí mucha técnica de mi padre, pero lo más importante fue que me enseñó a respetar toda la música. Escribía durante horas y luego se iba a escuchar a Gil Evans o a Beethoven. Y me enseñó humildad. Gracias a él, sé que es un milagro que hoy pueda pararme frente a la Afro-latin Jazz Orchestra, dirigir a estos grandes instrumentistas que dan vida a las notas musicales. |