www.cubaencuentro.com Lunes, 30 de agosto de 2004

 
Parte 2/3
 
Carta a Thomas Alva Edison
por RAMóN FERNáNDEZ LARREA, Barcelona
 

En esa hazaña suya estuvo a punto de ajusticiar al tirano Batista. Y lo hubiera logrado, si Batista hubiera estado esa noche allí. No vea lo triste que se puso cuando lo atraparon, y lo que le deprimió poner la cara de "yonofui" para la foto famosa esa en que parece padecer de mal de Down. ¡Y la prisión fecunda, madre mía! ¡Que no es lo mismo que decir que uno fecunda en la prisión! ¡Cuánta amargura le dio ejercer de abogado abotargado, en el único caso que tuvo en sus manos, defendiéndose a sí mismo, que es lo único que ha hecho como leguleyo!

Ahí comenzó a inventar, mire usted, y escribió esos inventos, o sus fundamentos, en forma de programa, pero parece que era un programa de lo más aburrido, porque jamás lo pasaron por la tele. Una de sus obsesiones —que lo asemeja a usted y a las suyas— era la de trabajar intensamente con el ectoplasma, y lograr que le colgaran aquella acción ilegal a un muerto, y ha estado a un milímetro de lograrlo a pesar de ciertas incongruencias. No haberlo conseguido lo enfureció más, y es un añadido para su mala leche —luego hablaré de las otras leches, más que malas, escasísimas—.

Se entiende entonces que, con ese cuerpo y ese cerebelo herido, y la frustración de no haber liquidado a la hiena en su cubilete, le alejaran de sustancias nocivas, para cuidarle, y que más tarde en la montaña, dirigiendo el alzamiento, le prohibieran pelear cuerpo a cuerpo, controlando su ardor guerrero, y le regalaran un rifle con mirilla —que no sé si fue un invento suyito también— para que se llevara en la golilla a todos los centinelas que se le atravesaran en el visor, desde El Uvero al Nuevo Vedado.

Ya triunfante, instalado en el gran laboratorio en que se convirtió la patria —el de usted, en New Jersey, se llamaba Menlo Park, y el de quien le hablo fue bautizado como Menlo Gané—, comenzaron a salirle las secuelas en el campo de sus actos heroicos, y eso se complicó con todas las hernias que provocan cargar tanto tiempo con grandes responsabilidades y con el arrastre de un pasado histórico, que es mentira lo que dicen que todo tiempo pesado fue mejor. Pero volvamos al inventario de sus invenciones, y a su lugar exacto en esta humanidad que parece más luminosa desde que usted logró alumbrar una habitación abriendo así el camino para las patrullas clic.

Se dice fácil, pero usted, padeciendo dislexia y todo, entre inventos y mejoras notables de otros, patentó la nada despreciable cifra de 1.093. Lo más curioso es que quien le viera nacer en Milán, Ohio, aquel 11 de febrero de 1847, no hubiera apostado por su vida media sandía. Todo apuntaba que terminaría en alguna granja dándole agua a los caballos o algo así. Cuando se mudó con su familia para Michigan, a los tres meses lo expulsaron de la escuela porque los profesores le consideraron retrasado. Si eso lo sumo a que vino a hablar a los cuatro años, sospecho que iba a terminar de todos modos en una granja, y que los caballos le tendrían que dar el agua a usted. Todo por una escarlatina que le dejó medio sordo, o sordo y medio. Siempre es mejor ser parcialmente sordo que ligeramente sardo, que este mundo está envenenado con los nacionalismos.

Y eso me lleva a una conclusión aplastante: para ser genio hay que padecer sordera. Mire usted a Luisito Beethoven, a quien quise imitar en mi país cuando, para disimular, tuve que estar una larga temporada muy piano, intentando no escuchar palabras necias, las que soltaba sin ton ni son el otro inventor de quien le hablé al principio. Casualmente, ese también es sordo a cualquier reclamo, o se hace el de la vista sorda, o se deseustaquia con una alarmante facilidad cuando lo que le dicen no le conviene a su adicción al poder, el pobre, con lo que cuesta desengancharse a los vicios.

1. Inicio
2. En esa hazaña...
3. Para mí...
   
 
EnviarImprimir
 
 
En Esta Sección
Carta a Blanquita Becerra
RFL, Barcelona
Carta a Rita la Caimana
Carta a Marlon Brando
El vellocino de poliéster
ENRISCO, Nueva Jersey
Carta a Pablo Neruda
RAMóN FERNáNDEZ LARREA, Barcelona
Carta a Ignacio Piñeiro (II)
RFL
Editoriales
Sociedad
Cultura
Internacional
Deporte
Opinión
Desde
Entrevista
Buscador
Cartas
Convocatorias
Humor
Enlaces
Prensa
Documentos De Consulta
Ediciones
 
Nosotros Contacto Derechos Subir