¿Un aburrido destino?
Mi amiga y sus amiguitos (de lucha) ignoraban el papel decisivo que tenían en este plan y eso les hacía cumplir su parte con perfecta naturalidad. Se habían gastado sus ahorros en camisetas, sellitos, en viajes para participar en protestas y en boletos para ver documentales. Eran el eslabón clave de la cadena puerto-transporte-ideología interna. Sólo que no lo sabían.
No sé qué hubiera pasado con ellos de haber perdido Bush: ¿aplaudir durante cuatro años seguidos la victoria de Kerry? Con la derrota republicana todos hubieran salido perdiendo: Bush, las textileras chinas, Michael Moore, la sana tradición del antiamericanismo, el Comandante y hasta Kerry. El esposo de la emperatriz del ketchup vería limitada la principal fuente de consumo de este producto: las películas de guerra que se han puesto de moda en los últimos tiempos.
El Comandante, por su parte, si no tiene presidente americano, ciclón o sequía al que echarle la culpa, se verá obligado a destituir ministros, y cuando se le acaben los ministros que destituir y los generales que fusilar, es mejor no estar por los alrededores. Eso, sin pensar en lo fastidioso que resultaría cambiar los estribillos anti-Bush para que rimaran con Kerry, que tiene una rima bastante más complicada.
Si Bush hubiera perdido, Michael Moore tendría que buscar al culpable de problemas algo más trascendentes que su obesidad y los antiamericanos de todo el mundo tendrían que conformarse con volver a apedrear Mcdonald's, cuidando de no golpear al documentalista adicto a las hamburguesas (si ahora me dicen que es vegetariano no vuelvo a tocar una zanahoria).
Los únicos que hubieran salido ganando con que un demócrata llegara a la Casa Blanca son aquellos exiliados cubanos que votan republicano hasta en los concursos de belleza: así hubieran podido echarle la culpa de por qué el Comandante sigue en el poder.
Todo parecía indicar que un aburrido destino se avecinaba. Pero no. Bush salió reelegido por otros cuatro años, así que no hay de qué preocuparse. Con Bush en el poder, un fantasma seguirá recorriendo el mundo, el fantasma del Che en motocicleta. Nada podrá detenerlo, ni siquiera el aumento del precio de la gasolina provocado por las trasnacionales.
Afortunadamente, el imperialismo seguirá agresivo, saqueando todo lo que encuentre a su paso, mientras mi amiga y sus amiguitos se le oponen. Yo —que voté por Kerry para joderles el negocio de las camisetas— tampoco me quedaré de brazos cruzados, aunque mi táctica será diferente. Aplicaré el principio básico del judo: utilizar la fuerza del contrario. Si lo que quieren es saquear las riquezas de nuestros pueblos, propondré que empiecen por llevarse el Palacio de la Revolución de La Habana con todos sus inquilinos y, por ejemplo, instalarlo en Las Vegas, Nevada, junto a la imitación que tienen allá de la torre Eiffel. O si no, en el desierto de Mojave. Sospecho que antes de que el Comandante se entere dónde está, ya habrá destituido al ministro de Agricultura. |