www.cubaencuentro.com Miércoles, 26 de enero de 2005

 
  Parte 2/3
 
Mi amiga y sus amiguitos
por ENRISCO, Nueva Jersey
 

Frente al odio a Bush, ganado con un titánico esfuerzo del presidente, el prestigio actual del Che se entiende bastante menos. Hasta donde sé hace ya bastante tiempo que el Che asaltó un cuartel o descarriló un tren por última vez. Y entonces uno empieza a sospechar que alguna relación deberá existir entre el odio contra el primero y el amor hacia el segundo. Es como si uno decidiera aborrecer las chancletas y, consecuentemente, empezara a adorar a las cucarachas. No parece razonable, pero es una de las reacciones más naturales que tiene la especie humana junto a la de meterse en el baño cuando preguntan quién va a fregar los platos.

Pero uno se vuelve a preguntar si no sería más adecuado salir a la calle con pulovitos de Osama Bin Laden y su querido AKM. Pero claro, si de camisetas se trata, hay que reconocer que el argentino es más fotogénico y tiene además la virtud de no envejecer. Que si la posteridad fuera como la licencia de conducción, que uno tiene que renovar la foto a cada rato, entonces en los pechos de medio mundo no luciría igual una foto de un señor de 76 años con boina, dentadura postiza y cara de adicto al viagra.

Imperativos de la moda

Y yo seguía dándole vueltas a las cosas y pensando en quién debía ser el impulsor de esta moda y quién su beneficiario, y me vinieron a la cabeza un par de personajes: Bush y el Comandante. Sí, porque ahora cuento con datos para denunciar lo siguiente: la guerra de Irak no fue el producto de una conspiración entre los grandes consorcios y el presidente norteamericano para controlar el petróleo iraquí: hoy por hoy resulta más rentable vender durofríos en Alaska que sacar petróleo de Irak.

Ni, como sugiere Michael —Humphrey Bogart— Moore (por aquello de que iba a sacar a Bush de la Casa Blanca) en Farenheit 9/11, se trataba de un proyecto entre Bush y los sauditas para acabar con la pobreza en Michigan mandando a los pobres de por allá a que los maten en Irak. No. El plan era más perverso todavía. La guerra en realidad fue el resultado de una componenda entre Bush, Fidel Castro y la industria textilera china para enriquecerse vendiendo camisetas.

Bush y el Che acaparaban los pechos de media humanidad, mientras el tejano y el Comandante hacían su agosto cobrando los derechos de imagen. Hasta un mercado de tan difícil acceso como es el de Corea del Norte no tendría inconveniente en adquirir camisetas anti-Bush y de paso dar un descanso a los sellitos de Kim Il Sung.

Claro que para que el plan funcionara, Bush tenía que salir reelegido. De esta manera las camisetas seguirían comercializándose, Michael Moore tendría nuevas ideas para hacer documentales, el Comandante conservaría el monopolio sobre el argentino motociclista, y Oliver Stone seguiría diciendo (sin ánimo de lucro) que Cuba es el país más democrático de la región (sobre esto último espero que allá, en la cárcel de Canaleta, a Raúl Rivero le mantengan la prohibición de leer los periódicos, porque si tiene acceso a declaraciones como las de Stone, del derrame cerebral no lo salva nadie).

1. Inicio
2. Frente al odio a Bush...
3. ¿Un aburrido...?
   
 
EnviarImprimir
 
 
En Esta Sección
Carta al doctor Aballí
RAMóN FERNáNDEZ LARREA, Barcelona
Carta a Alejo Carpentier
RFL, Barcelona
Carta a Francis Drake
Un 2004 con Chávez y chavitos
ENRISCO, Nueva Jersey
Carta a Perucho Figueredo (II)
RAMóN FERNáNDEZ LARREA, Barcelona
Las neuronas y el poeta
ENRISCO, Nueva Jersey
Editoriales
Sociedad
Cultura
Internacional
Deporte
Opinión
Desde
Entrevista
Buscador
Cartas
Convocatorias
Humor
Enlaces
Prensa
Documentos De Consulta
Ediciones
 
Nosotros Contacto Derechos Subir