www.cubaencuentro.com Miércoles, 26 de enero de 2005

 
  Parte 3/3
 
Miliciano en yate o tacones cercanos
Últimas noticias de la Isla: Una medalla para Antonio Gades, la insumisa Radio Reloj y el otro perro que ¿habla?
por ENRISCO, Nueva Jersey
 

Pues la emisora cubana Radio Reloj, al dar la noticia de su fallecimiento, comentó que había muerto "quien no debió haber nacido" y que "con lo olvidadizo e irresponsable que era, se le olvidó llevarse a la tumba sus peores obras". Días después, la cancillería cubana declaró que los comentarios de la emisora "no constituyen una declaración oficial de las autoridades cubanas ni expresan sus posiciones".

Si ahora resulta que Radio Reloj no refleja la opinión oficial, no nos queda pensar más que en dos alternativas. Según una de ellas, la emisora fue tomada por periodistas independientes y disidentes, quienes se dieron a la tarea de emitir comentarios para dañar la imagen del gobierno cubano. Cabe esperar, por tanto, que los culpables sean capturados y, tras un juicio sumarísimo, los condenen a 40 años de prisión, que cumplirán en una cárcel situada en los alrededores del faro de Maisí.

La otra opción que queda es que el espíritu de José Antonio Echeverría, quien después del 13 de marzo de 1957 le debe haber cogido el gusto a anunciar muertes de jefes de Estado, haya encabezado un nuevo asalto a la emisora. Si se trata de esto último, lo más que puede hacerse es poner una ristra de ajos en la puerta de la cabina de trasmisiones.

Por último, debo reconocer que hace unos días califiqué desde esta misma columna a nuestro canciller como "el mejor amigo del hombre", lo cual hizo pensar a muchos que en realidad lo estaba llamando "perro". Debo decir dos cosas al respecto. La primera es que lo que escribo en esta columna no constituye una declaración oficial mía ni expresa mis opiniones. Lo segundo es que quisiera disculparme con todos los perros, si es que se han sentido ofendidos. Al margen de la interpretación que se puede haber hecho de mis palabras, debo reconocer públicamente que el canciller cubano no reúne los atributos suficientes para ser considerado parte de la raza canina.

Resulta que, recientemente, los investigadores del Instituto de Antropología Evolutiva Max Planck de Leipzig, Alemania, han descubierto que los perros poseen una habilidad lingüística, observada hasta ahora sólo en seres humanos. Sus capacidades lingüísticas llegan al punto de poder reconocer más de doscientos objetos por su nombre, e incluso llegar a identificar objetos nuevos cuyos nombres desconocían con anterioridad. Y eso, aunque sea duro de reconocerlo, es bastante más de lo que puede hacer nuestro canciller.

Si, por ejemplo, al perro con el que experimentan los alemanes le dicen: "Rico, tráeme el destornillador de estrías", se puede estar seguro que el perro vendrá con el referido objeto entre los dientes. Sin embargo, cuando el año pasado un grupo de exiliados cubanos en París empezaron a gritarle a nuestro canciller "¡Democracia!", éste no supo hacer otra cosa que tocarse los testículos.

Me imagino que después aclaró que tocarse los testículos no constituía una declaración oficial ni expresaba la posición de su gobierno, pero por mucho que uno trate de darle vueltas al asunto, la democracia ni es redonda ni se lleva colgando por pares. Eso hasta Rico, el perro del Instituto Max Planck, lo sabe.

Y lo lamento bastante porque hasta ahora estaba muy orgulloso de que Cuba contara con los dos únicos perros del mundo que hablaban. Uno era aquél que decía: "Ay, papá", y el otro, este que dice: "¡Sí, Comandante!". Pero, al parecer —pese a una serie de características típicamente caninas—, Pérez Roque no califica como parte de la especie. Eso después de todo será un motivo de alivio para nuestro canciller, porque no son estos buenos tiempos para los perros en Cuba.

No hace mucho se dio a conocer que en el año 2002 se sacrificaron más de 100.000 perros sin dueño en la Isla. Así que debe ser peligroso en Cuba que a uno lo confundan con un perro, aunque, como en el caso de nuestro canciller, uno tenga un amo universalmente reconocido.

Son tiempos confusos estos, nada es lo que parece: los perros parecen brutos, pero serían capaces de derrotar a Pérez Roque, al ajedrez, el día en que nuestro canciller aprenda a mover las fichas; uno ve a un bailador flamenco en el teatro, pero en realidad se siente un simple miliciano; y los soldados cubanos se cuadran temblorosos ante el jefe de las Fuerzas Armadas, mientras este en realidad se cree que es la reencarnación de Lola Flores. Y no me pidan que les explique por qué. Yo soy un simple cargabates.

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