www.cubaencuentro.com Miércoles, 26 de enero de 2005

 
Parte 3/4
 
Carta a Perucho Figueredo (II)
por RAMóN FERNáNDEZ LARREA, Barcelona
 

Con esa imagen suya condimentaron mis patriotismos iniciales, los más pequeños y particulares. No olvidar que "el patrio de mi casa es particular". Usted descolgando una pierna del alazán, vestido de campaña —ese estalaje no baja ahora mismo de 700 euros en El Corte Inglés—, ensimismado, sonriendo para su interior porque dotaba a nuestro pueblo de reconocimiento extraterritorial.

Era el triunfo de la poesía sobre la chusma. Y claro, con las prisas, la emoción de haber visto a su hija Candelaria desplegando el trapo como abanderada, la adrenalina combativa y otros etcéteras, cometió algunos errores de concepto que nadie ha osado hasta hoy mejorar. El primero es involuntario, obligado por la ubicación geográfica, pero que nos tiene a los bayameses corriendo desde hace 136 años a diario, y no precisamente por la dieta, sino tras ella.

Le comprendo y lo exonero. He visto esa imagen suya, bonachona e insurrecta durante los y picos de años que atesoro. He visto otra, casi calcándole, en la que un pretendido prócer asume su pose. No en rucio, no descabalgándose del cabalgo, sino sobre láminas más metálicas, en la fría estructura de un tanque de guerra. El susodicho hace como que escribe. Dudo que sea, conociéndole, algo patriótico. Más bien patético. Alguna tabarra hipnótica en lugar de himno, o una orden de expropiación para jeringar a otro cubano decente. Tal vez una orden de fusilamiento que acerque, de manera acelerada, un obstinado enemigo a Dios. Prefiero la suya, más masónica y fundacional.

El texto de marras, escrito en lomo de matalón con nombre de ave, más allá de la orden que impele a los naturales de Bayamo a darse con los talones en la nuca, y a morirse de bala o rayo, y "pa' lo que sea, fulano, pa' lo que sea", dice cosas como estas: "No temáis; los feroces Iberos/ son cobardes cual todo tirano/ no resisten al brazo Cubano;/ para siempre su imperio cayó".

Esa estrofa, dictada por la euforia del momento —Bayamo tomado, españoles dejando la alpargata en el aire y etcéteras múltiples— estaba bien para el momento, pero abría hondas e irreconciliables zanjas en las futuras relaciones vecino-bodeguero; por ejemplo, cuando cualquier indígena le quisiera pasar el "brazo Cubano" al gallego que habitaba detrás del mostrador.

Sé que las victorias nos suben el nivel de guapería en vena. Las victorias son hermosísimas, exceptuando a Victoria de las Tunas, y muy nobles, excluyendo a una rubia que me partió el adolescente corazón. Luego sigue diciendo su letrona: "¡Cuba libre! Ya España murió,/ su poder y su orgullo ¿do es ido?/ ¡Del clarín escuchad el sonido!/¡¡a las armas!!, valientes, corred!". ¿No ve lo que le digo de la incitación a la velocidad, al ejercicio físico? Y no es culpa suya, Don Pedro o Perucho —que para algo somos de la tierra caliente—, sino de la utilización que luego se le iba a dar.

Una vez propuse que deberíamos, para evitar el excesivo ejercicio y sobrecarga muscular de los bayameses, y de ñapa para que los demás gentilicios no se sintieran marginados y mandados al cipote, rotar el imperativo por otras regiones de la Isla. Su frase: "¡Cuba libre! podemos gritar/ del cañón al terrible estampido", ha resultado, con el tiempo, contraproducente; no imagina la de gente que se ha tirado al camino de la bebida y al alcoholismo insurrecto. Del Cuba Libre se ha pasado a libar cualquier líquido que desgaje el cerebro. Y no vea la de sordos, reales o aparentes, que hay de tanto estampido terrible. Ha sido tan constante el estampido que hay como dos millones en estampida.

Hoy aprovecho esta tribuna patricia, este atril que me brinda mi atrilbución, para ir a más: es necesario hacerle un cambiaíto a la cuestión. Sé que aprobará mi idea sin dolerse, como autor del tema musical que más tiempo ha estado en el hit parade nacional. Un poco a la cañona, por decreto, eso sí, pero no por enchufe suyo, que ya lo habían fusilado hacía mucho cuando fue de consumación obligatoria y de consumición asumida.

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