www.cubaencuentro.com Miércoles, 26 de enero de 2005

 
Parte 2/3
 
Carta a Francis Drake
por RAMóN FERNáNDEZ LARREA, Barcelona
 

Ese comercio de rescate en África —que algunos extremistas dieron en llamar "trata de esclavos"— era lo más parecido a una cosecha, de modo que nada malo había en recolectar por las costas materia prima que andaba suelta, envasarla en la bodega de un barco y trasladarla a distinta latitud donde podían iniciar otra vida, lejos del peligro de que los recolectaran próximas expediciones. Si, luego de vendidos, esos seres de renegrida piel eran usados para el trabajo esclavo, ya no era culpa de su tío y capitán John Hawkins, sino de los malvados españoles en el nuevo mundo.

Así se lanzó usted al negocio, con la flema que Albión le dio, surcando los mares, con diez cañones por banda, y cantando por lo bajito aquella vieja canción de cuna que luego sería himno de balseros varios: "En el mar, la vida es más sabrosa. En el mar, se vive mucho más". Le veo ahora, cuatrocientos años más tarde: las fracciones encurtidas por el aire del mal, la cabillera resuelta, el gesto bravío e indisoluble, los músculos afiliados por el salitre, los pómulos émulos, y la miríada atronadora, cruel, que ya poesía esa tiesa fijeza: una luz asesina en las bolitas que una vez fueron niñas pero que habían crecido navegando, convirtiéndose en unas señoritas bastante desvergonzadas.

Y sin embargo, a pesar de su mala fama de azote oceánico, seguía siendo usted una buena persona encubierta, que es como decir que en la cubierta y en el camarote era todo un caballero inglés, que cuando no degollaba a nadie o eyaculaba adrenalina y codicia a la vista de un bajel español cargado de doblones, se dedicaba a pintar delicados cuadros entre impresionistas e impresionantes.

Debo apuntar aquí la diferencia que hay entre un pirata, un bucanero y un corsario. Y no es precisamente que los piratas fueran veinte y vivieran en el cofre del muerto, alcoholizados de ron, ni que todos los corsarios fueran negros y amigos de Salgari. No. Uno piensa que hacen lo mismo, o que son igualmente terribles, y puede sufrir amargas decepciones. Un pirata piratea, mientras que un corsario corsaria y un bucanero pasa más trabajo con el verbo, porque eso de bucanear suena espantoso en nuestro idioma. Pero los piratas eran toscos, con un porcentaje de analfabetismo que iba más allá del palo mayor, y por norma general tenían la plaza de grumete vacía.

Los bucaneros solían ser más franceses, y su tripulación, exceptuando el escorbuto, estaba mejor cuidada que la de los piratas, que iban además, por libre, perseguidos por todos. Está claro: bucanero viene de buca, que viene siendo que gritaban más que los otros ejemplares. De manera que una nave pirata solía tener importante faltante de piernas y ojos. Los piratas robaban, asaltaban, mataban, se pasaban la mota negra, ahorcaban, degollaban, incendiaban, preñaban, saqueaban, asolaban, abortajeaban, y en fin, tenían en menú una surtida gama de gerundios. Los bucaneros y corsarios hacían lo mismo, pero con más refinamiento.

Los corsarios, en cambio, tenían autorización explícita de sus gobiernos, y proliferaban única y exclusivamente en caso de que hubiera guerra entre dos o más naciones. Y claro, como en el siglo XVI ningún país podía estarse quieto —tradición que se ha mantenido con enérgico entusiasmo hasta nuestros alegres días—, siempre había una gran nación que quería ser mayor que otra y restregarle por la cara a las demás su poderío, su baja mortalidad infantil, su textilera más inmensa y la justeza de su sistema electoral, con lo que se armaba la del guachinango con orzuelos.

Entonces los gobernantes extendían un documento especial, un contrato, una autorización de arriba, y le daban a determinado marino lo que se llamaba "patente de corso", que era la posibilidad de arramblar con todo lo que encontraran fuera de sus costas, pagando un porcentaje acordado. Era un cuentapropista en toda regla.

Y como Inglaterra estaba en guerra con España, y ésta a su vez no se llevaba bien con Francia, Holanda y otros que no recuerdo ahora, pues la tenía dificilísima para el cabotaje y otras artes de la pesca y rapiña, teniendo en cuenta de que el principal renglón económico del imperio español en aquel tiempo era hacer lo mismo con incas, aztecas, mayas y otras civilizaciones, incluyendo pueblos menos civilizados, incapaces de perseguir un galeón que se llevaba sus chucherías de oro y plata.

1. Inicio
2. Ese comercio...
3. Ahí entraba...
   
 
EnviarImprimir
 
 
En Esta Sección
Carta al doctor Aballí
RFL, Barcelona
Carta a Alejo Carpentier
Un 2004 con Chávez y chavitos
ENRISCO, Nueva Jersey
Carta a Perucho Figueredo (II)
RAMóN FERNáNDEZ LARREA, Barcelona
Las neuronas y el poeta
ENRISCO, Nueva Jersey
Carta a Perucho Figueredo (I)
RAMóN FERNáNDEZ LARREA, Barcelona
Editoriales
Sociedad
Cultura
Internacional
Deporte
Opinión
Desde
Entrevista
Buscador
Cartas
Convocatorias
Humor
Enlaces
Prensa
Documentos De Consulta
Ediciones
 
Nosotros Contacto Derechos Subir