Tercera reflexión (10 y 10 am): Continúo sin papa. He escuchado tu asombrosa intervención en Rumba en swing, con el gran Tito Rodríguez y el Conjunto de Arsenio, en Nueva York. (Arsenio Rodríguez era muy sabio; cuando vio que no iba a ver, no se puso a cantar lloraderas. Se fue para la Gran Manzana y se dijo que si no podía ver, al menos iba a oler y a sentir). Ahí te hacen un hueco para que apeyunques con los tambores y suenas tan diverso y compacto como toda una tamborada de la favela de Candeal, organizada por Carlinhos Brown. Qué bárbaro. Serías feo con kile, pero qué clase de intuición. Qué fervor. Qué fuerza en las manoplas. Qué ritmo. Ponías tanta emoción que temo te dé un síncope cardíaco.
Por eso dicen que no ha habido un percusionista como tú. Ni lo habrá dentro de la Isla, digo yo. Y no solamente porque se precisan requisitos previos para seguir tu línea: ser monina coherente y cederista a la vez no ligan. Lo otro es que se necesita manteca. Nadie llega ni llegará a tu Manteca. Con media libra al mes, durante 46 años, se interrumpió la escuela.
Claro que, ahora que caigo, veo otra razón para que te dedicaras al cuerámen: la color y la raza. Con esa nocturnidad que poseías en el pellejo, y el miedo que tu raza despierta en las demás, es mejor que te vean con las manos ocupadas en otra cosa. Si se interrumpe el prácata paquinqui, ya se erizan los blanquitos y se ponen a pensar en robos con fuerza y escalamientos. La gente es mala, ñaíto, y los prejuicios sumarísimos hacen daño. Desconfían de un tamborero prieto, que a lo que más lejos llega es a levantarles la billetera, y se emocionan con un tumbador blanco que les ha serruchado hasta el aire que respiran.
Aquí hago rápido tránsito hacia la cuarta reflexión, que es como la cuarta dimensión. Así que pongo: Cuarta reflexión (exactamente a las 10 y pico): Dije "un tumbador", y no, qué va, es El Tumbador. Como él no hay para castigarle el cuero a los chivos. Y al resto de los animales, chivas incluidos. El Tumbador ha tumbado de todo. Lleva casi cincuenta años tumbando: la libertad, las esperanzas, las navidades, la alegría. Aparece tanto —iba a decir cada vez que aparece, pero he llegado a la conclusión de que nunca se va— que uno llega a pensar que es para siempre. ¿Estará tatuado en la realidad?
Yo he descubierto su profundo secreto. Lo qué más le gusta en esta vida es ser noticia. Trae quimbe de placenta. Nació sansibérico, pero sabe fingir, y contagia. Daría la vida por ser portada. La de los demás, se entiende. Mira tú, que jamás agarraste una. El Gran Tumbador —que lo mismo le mete a las pailas, las prefiere vacías, que al requinto, y sigue con el mismo ritmo sostenido hasta en okónkolo— tiene récord de primeras planas y portadas.
Si lo dejas es capaz de invitar a la Isla a Michael Jackson y nombrarlo director del Palacio de los Pioneros, para que tenga material a mano, con tal de que la prensa lo saque a todo color. Por cierto, y esta debía ser una quinta reflexión: con el Jackson no se puede hablar mucho de color. Y menos entre abakuases. Me huelo que el man no es muy man, sino yankuni a toda mecha. |