www.cubaencuentro.com Viernes, 22 de julio de 2005

 
Parte 3/3
 
Carta a Chano Pozo (II)
por RAMóN FERNáNDEZ LARREA, Barcelona
 

Y hablando de El Gran Tumbador: Quinta reflexión (como a las once): No me explico cómo, en un pueblo viril y abakuá, se le ha dejado tanto tiempo fragayando yin a lo que le sale de su enkóboro akuá miñongo. Hace rato merecía haber sido destinado a un buen rito. Si le pide constantemente al pueblo un sacrificio más, es justo que el pueblo lo sacrifique a él definitivamente. Cómo se puede respetar a alguien que no es hombre ni amigo. De ecobio no tiene nada. Y qué digo ecobio, si él acabia. Un gayán que echa p'alante a su sombra, y que arrasó con cuanta ukano bencosí —la ceiba— a buldózer limpio no es fiable. Ese tipo tiene —eque. Resuma nasawana y tiñosa, y el bulto de ñampios se ve desde la Antártida.

Sexta reflexión: Son las doce. Siempre he escuchado que a las doce salen los fantasmas, los espíritus, se oyen cadenas —¿sacarán a esa hora a los prisioneros de las celdas?— y se despiertan los vampiros. Se me llenaría esto de ectoplasmas si fuera de noche. Son las doce, pero del día. Hora de tener cierta alegría de sobremesa. Pienso. Eso es más peligroso. Hay gente que piensa que aquello último que hiciste en Cuba, lo de tu Conjunto Azul, era por el color que te había dado natura. No. Era por la emisora de radio donde te puso a trabajar Rita Montaner, la RHC-Cadena Azul.

El Gran Tumbador ha prohibido que te pongan en la radio nacional. No quiere competencia. Teme señales secretas, selváticas, que llamen a los chivos a rebelarse. Y también porque tus cantos alegres, tomados aquí y allá y luego debidamente batidos en tu olla arrocera interior, han resultado ser premonitorios. ¿Cómo crees que tomaría la gente aquella burlita tuya de "Pin pin, cayó Berlín"? Hablar del derrumbe del muro muchos años antes de que se construyera no sería agradable para el anamanguí —el muertero— que oficia a diario. Y me callo ahora, que puedo amanecer en una cuneta. Pienso con alivio que en este país no hay cunetas. ¡De la que me he salvado!

Dos cosas más, que serían Séptima y octava reflexiones: No te ponen tampoco en la radio por aquello de irte del país y aliarte a los americanos. Claro que eso fue en 1947, y el yuma se llamaba Dizzy Gillespie, pero las nuevas generaciones no andan precisando mucho las fechas. Lo otro que reflexiono es más peligroso. Y esta noticia sí es una bomba: el Gran Tumbador te copió, o al menos calcó tu vida —iba a decir "fusiló", pero eso lo ha hecho con otros—.

Fíjate bien si El Tumba repitió tu estructura vital, tu trayectoria, y la extendió al resto de la población: tú naciste en el solar Pan con Timba y después pasaste al África. Él hizo lo mismo con la población. Le desapareció el pan con timba y puso al pueblo del otro lado del Atlántico, en las selvas de tu origen. Esa es nuestra historia reciente. Imagino el libro: Cuba: Del Pan con Timba al África. Nuestra vida es solariega.

Novena y última reflexión: Hora de yantar, de iriampo, de butuba. Sigue sonando tu tambor. No hay Papa todavía. Y eso me da una idea inspirada en ti. Como ha subido recientemente el Papa, y allá lo recibirás, con tu incansable tambor, me haré un tambor de Papas. Y canto un rito sin Rita. Algo que debiste tú sancochar por lo bajo, y que dice: "Lungambé no quiere a nadie/ Lungambé mató a su madre/ Lungambé mató a su padre/ Lungambé no tiene amigo/ Lungambé es gangulero".

Las papas hierven tranquilas en su concilio. A ver si concilio el sueño esta noche a pesar de Lungambé. En lo que espero, cierro los picarones ojos, y pasas tú con los Dandys. Detrás van los diablitos, los iremes. Es el pueblo combatiente, que se pregunta a dónde iremes a parar.

Con mi cara de Parampampín,

Ramón

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