www.cubaencuentro.com Viernes, 28 de octubre de 2005

 
  Parte 2/3
 
El Comandante y el tiempo
¿Con qué se gana más tiempo, con un niño balsero, cinco espías o un Papa?
por ENRISCO, Nueva Jersey
 

Habrá quien piense que el Comandante tiene planes más elevados, como asegurarse su trascendencia histórica, derrotar al imperialismo, o mejorar la calidad del transporte en la Isla a niveles equivalentes a los de 1952 (cuando los Chevrolet que salen en todas las portadas de los discos de música cubana estaban nuevecitos). El Comandante no los contradice, por aquello de respetar el derecho de cada uno de pensar lo que quiera. A cada rato da un discurso sobre la historia, el imperialismo o el transporte para animarlos un poco, pero en el fondo, en el fondo, lo suyo es el negocio de la compra de tiempo. No es cosa de llenarse la boca para decirlo, porque la gente tiene prejuicios, y eso de comprar tiempo en el poder no suena tan bien como que la historia haya decidido regalarte todo el que necesites.

La esencia de la cuestión es saber con qué comprar tiempo en el momento preciso. Con una campaña productiva, política o deportiva (da igual que sea de café, juegos olímpicos, leche, azúcar, mesas redondas, pedraplenes, campeonatos de pelota, consultorios médicos o campañas para liberar a niños o espías), el Comandante puede comprar de un mes a dos años. Eso, en caso de que fracase, porque en el caso en que tenga éxito ya nos enteraremos cuando por fin ocurra.

Los carnavales sólo sirven para comprar un par de semanas. Eso explica que haya habido más campañas productivas que carnavales. Pero las campañas productivas no son necesariamente las más rentables. Por ejemplo, la cosecha de la papa, si es buena, sirve para comprar un mes, mientras que con la visita del Ídem, el Comandante compró un par de años.

La moneda básica para comprar Tiempo en el Poder se compone básicamente de miedo, esperanza o distracción. ¿La gente se le alborota? El Comandante los mete presos y así se están quietos un rato. ¿Se vuelven a alborotar? Los fusila y así se están más quietos por más rato. Sólo que él ha aprendido que meter preso es más rentable que fusilar. El Comandante compra tiempo cuando mete a alguien preso y cuando lo saca, y si se queda dando vueltas por ahí, hasta se puede repetir el ciclo. Por alguna extraña razón, con los fusilados no hay esas posibilidades. La genialidad está en saber cuánto tienes que pagar exactamente por un año de poder: 100 presos o 4 fusilados, o una combinación de ambas. El problema es que de pronto el Comandante se sienta generoso y que le dé hasta por dejar propina.

Vale más presente que eternidad

Sigan su trayectoria y comprobarán lo que les digo. Al principio, el Comandante tuvo que dejar un pago inicial sólido y desde entonces no ha dejado de pagar cada uno de los plazos. Con el tiempo las cosas cambian de precios y en un mercado como ese, cualquiera se lleva una sorpresa. Por ejemplo, con un niño se compra bastante más tiempo que con cinco espías. Los discursos, en cambio, no sirven para comprar tiempo sino para hacernos creer que a él el tiempo se lo dan gratis.

De repente, el Comandante puede aparecerse con las cosas más raras (una bicicleta o una junta de refrigerador) y los expertos se pasan meses elaborando teorías de qué era lo que quería comprar esta vez. Pues justamente eso: compró el tiempo que los otros perdieron en tratar de descifrar sus intenciones. Hay gente que se confunde y no quiere darse cuenta de lo que estoy explicando. Han dicho, por ejemplo, que con la visita del Papa el Comandante ganó a corto plazo, pero perdió a la larga. No, compró los dos años que quería comprar. El Comandante hablará mucho de la trascendencia de su obra, pero donde compra el tiempo es en el presente. Prefiere presente que eternidad, año en mano que siglo volando. Si después le quieren regalar el año 3000 por ser buen comprador, seguro que no se va a molestar.

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