Pero el contencioso Aristide parece escapar pronto de las manipulaciones de Caracas y La Habana.
Recientemente se anunció que el gobierno de Nigeria ha aceptado conceder asilo "durante unas semanas" al derrocado presidente de Haití, a petición de la Comunidad Económica del Caribe (CARICOM), según la portavoz de la presidencia nigeriana, Remi Oyo.
Oyo informó, en un comunicado desde Abuya, que el presidente de turno de CARICOM —organismo de quince miembros—, el primer ministro de Jamaica P. J. Patterson, había transmitido la solicitud al presidente nigeriano, Olusegun Obasanjo.
Patterson pidió que Nigeria "considerase la concesión a Aristide de una escala para unas semanas hasta que llegue a otro destino", dijo Oyo.
Añadió que Nigeria había consultado ampliamente con líderes africanos, la Unión Africana, el gobierno norteamericano y otras autoridades antes de tomar la decisión de conceder el asilo provisional. Oyo no indicó cuándo se espera la llegada de Aristide ni precisó cuánto tiempo permanecería en Nigeria.
Por lo visto, el primer ministro de Jamaica, Percival J. Patterson, incluso antes de la reunión del CARICOM en Saint Kitts, ya estaba tratando de desembarazarse del incómodo huésped. Si Aristide parte hacia Nigeria, lo más probable es que su destino final sea África del Sur. No es casual que durante la celebración del aniversario 200 de la independencia de Haití el único jefe de Estado presente en las ceremonias oficiales fuera el presidente surafricano Thabo Mbeki.
En realidad, la salida de Aristide fue fruto de sus propios errores. Fomentar bandas de seguidores para mantenerse en el poder —siguiendo los procedimientos de intimidaciones, golpizas y asesinatos— no es precisamente el estilo de un gobierno democrático.
Hasta un comentario publicado en el diario Granma tuvo que reconocer que el entonces presidente haitiano había perdido cierta legitimidad: "En noviembre del 2000 Aristide ganó los comicios y volvió a la presidencia, pero las elecciones legislativas fueron consideradas fraudulentas por la oposición política y el Presidente tuvo que gobernar sin Parlamento en una situación muy inestable".
Lo menos que necesita Haití en estos momentos es que el ex presidente Aristide se empeñe en recuperar su puesto, aunque ello resulte del agrado de Chávez y Castro, con el único objetivo de incomodar a Washington.
El pueblo del primer país en América Latina que obtuvo su independencia y soberanía necesita de tiempo para construir una verdadera sociedad civil y mecanismos que garanticen la estabilidad y la democracia.
Nada mejor en estos momentos que reflexionar acerca de las ideas del secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, que proclamó:
"La lección más importante es que no puede haber una salida rápida. Haití va a necesitar nuestros recursos y nuestro apoyo durante mucho tiempo. La crisis actual es resultado, por lo menos, tanto de un comportamiento irresponsable de la clase política haitiana como de las omisiones y deficiencias de los anteriores esfuerzos internacionales. Esto significa que un verdadero éxito incluirá la ayuda para permitir que surjan grupos políticos nuevos y más responsables, partiendo del papel desempeñado durante la crisis por la sociedad civil. Esto no se puede hacer rápidamente. Se necesita un esfuerzo a largo plazo —diez años o más— para ayudar a restablecer la policía y el poder judicial, así como servicios sociales básicos, como los de salud y educación".
Un llamado del secretario general de la ONU a la sensatez, que contrasta con el aprovechamiento político de Caracas y La Habana en el caso haitiano. |