Los pueblos indígenas, por ejemplo, ya pueden expresar su descontento sin temor a la represión. Sin embargo, las instituciones democráticas no responden con la fuerza necesaria para ganarse su confianza, los valores democráticos no difunden su cultura política y las economías nacionales no han creado empleos suficientes para asegurar su sustento básico.
El caso norteamericano
Estados Unidos constituyó un caso totalmente opuesto, en las décadas en que los afroamericanos lucharon por obtener una ciudadanía plena. En medio de la opresión y la violencia, nunca perdieron de vista la Constitución y lucharon por hacer suya la promesa de igualdad que ésta entrañaba.
¿Dónde estaría Estados Unidos si los afroamericanos hubieran sido tan maltratados, explotados y marginados, durante tanto tiempo, como los pueblos indígenas de Latinoamérica? ¿Qué hubiera sucedido si no hubieran confiado en los recursos que le ofrecían la sociedad y el sistema político? Esa es la situación que enfrentan las jóvenes democracias latinoamericanas: los pobres de todas las razas exigen derechos, en sociedades que no han acumulado los beneficios de haber sido democracias debida y largamente establecidas.
Si bien con plenos derechos políticos, los pobres en América Latina son todavía ciudadanos de segunda clase. La democracia no es más que un sistema de garantías para la gobernabilidad y la participación ciudadana; la libertad es su fuerza. La democracia es también incierta. Los buenos resultados en las urnas o en el gobierno no están garantizados. Sin embargo, la consolidación democrática se encuentra en peligro, y no tendrá lugar sin una plena ciudadanía social. Esta es la meta que forzosamente hay que cumplir.
La democracia y el capitalismo se refuerzan uno al otro, pero siempre en tensión. La primera requiere la igualdad de los ciudadanos; el segundo mueve la balanza a favor de la riqueza. La sinergia, sin embargo, funciona. La democracia debe pulir los ásperos bordes del mercado, para así fortalecer la legitimidad del capitalismo. Mientras más ciudadanos se vean acogidos por los beneficios del mercado, mejor sostendrá el capitalismo a la ciudadanía democrática. Y esto es lo que sostiene el informe Democracia en América Latina. Sin duda, un primer paso contundente sobre el camino debido. |