www.cubaencuentro.com Lunes, 05 de julio de 2004

 
  Parte 2/2
 
Un dramaturgo llamado Chávez
La trama 'paramilitar' montada por el presidente venezolano es una farsa por la que ya nadie paga la entrada.
por MIGUEL RIVERO, Lisboa
 

Quedaba el recurso de movilizar a los chavistas para el domingo, 16 de mayo, y el ajetreo se hizo general. La marcha tendría que presentarse como una iniciativa del pueblo, amenazado desde el exterior. Si en La Habana utilizaron camisetas rojas, en Caracas se haría lo mismo. Es el color de la sangre que tendría que ser derramada si alguien osase destruir la "revolución bolivariana". Ese día, Chávez pensó que quizá había llegado el momento de cambiarle el nombre a su revolución.

Llegó el domingo y, ante sus enardecidos seguidores, Chávez hizo el anuncio formal. Se iniciaba una nueva etapa del rebautizado proceso chavista: "La revolución antiimperialista".

Entonces, subió el tono de su alocución para lanzar la consigna central: "Cada venezolano debe ser un soldado de la revolución. Hemos comenzado a seleccionar militares, profesionales en situación de retiro, oficiales en situación de retiro y que forman parte de la reserva activa para que se incorporen a la organización popular de la reserva del país", instruyó el comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional (FAN).

El poder a toda costa

Anoten la fecha del 16 de mayo. De seguro que en ese afán de celebrar aniversarios, que Castro puede compartir con Chávez, pasará a considerarse como un hito de la radicalización del proceso venezolano. Falta el paso de proclamar el carácter socialista de Venezuela, cuando llegue el momento oportuno.

Pero, en su discurso de ese día, Chávez tenía que esclarecer bien a las masas acerca de los propósitos de los "invasores". Según el mandatario, "la fórmula es sencilla: cazar al presidente, dejar que se desate el caos en el país y entonces llamar a Estados Unidos para que ponga orden y, de paso, la mano sobre las reservas petroleras más importantes del hemisferio occidental".

En este discurso, el protagonista de la obra de teatro tuvo que reconocer que existía un gran componente juvenil entre los "aguerridos paramilitares".

"No voy a tener presos a unos menores de edad en Venezuela. Para velar por sus derechos he pedido asesoría al Consejo Nacional de los Derechos del Niño y del Adolescente. Si no han estudiado, los ponemos a estudiar en una escuela bolivariana, porque son igualmente hijos de la patria. Esos niños parece que fueran también nuestros hijos. Ya le pedí al ministro del Interior que contacte a los familiares", prometió Chávez en una pose de redención que sirvió de entremés a la exposición de la profundización de la "revolución antiimperialista".

No vale la pena repetir la cantidad de incongruencias —algunas hasta risibles— que han surgido en la versión del gobierno venezolano. La opinión pública ya las ha detectado. Lo importante es el contexto y las razones que habrían llevado al régimen chavista a jugarse semejante carta.

Aquí aparece Maquiavelo y su tajante consejo: mantenerse en el poder a toda costa. Chávez lo ha seguido al pie de la letra y el costo será la democracia venezolana. Por eso no puede permitir que el referendo revocatorio se realice: sin duda, lo perdería.

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