www.cubaencuentro.com Miércoles, 15 de diciembre de 2004

 
  Parte 2/2
 
La guerra de los cristeros
América vota: ¿Por quién se decanta Dios? La apelación religiosa de Bush y Kerry.
por ALEJANDRO ARMENGOL, Miami
 

Kerry contraataca

Hasta ahora, Kerry se había mostrado como un católico moderado, que prefería mantener en el terreno privado sus convicciones religiosas. Durante la elecciones primarias de su partido, se mostró renuente a discutir cuestiones religiosas y destacó el peligro que representaba el intento de Bush de borrar la distancia entre Iglesia y Estado.

Todo cambió durante el último debate televisivo, en que expresó: "Mi fe afecta todo lo que hago". La declaración guarda similitudes con lo que viene expresando Bush desde hace años, incluso al referirse a las decisiones claves de su mandato. En Plan of Attack, el presidente le confesó a Bob Woodward respecto a su decisión de lanzar la invasión a Irak: "Llegado a este punto, comencé a orar, a fin de tener la fortaleza necesaria para hacer la voluntad del Señor (…) Téngalo por seguro, no voy a justificar una guerra fundamentándome en Dios. No obstante, en mi caso, oré para ser tan buen mensajero de su voluntad como fuera posible. Y entonces, por supuesto, oré por fortaleza personal e indulgencia".

América vota
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Más allá de las semejanzas de los dos candidatos, en declararse hombres de fe, las diferencias son abismales. Kerry es un político práctico, que a lo largo de su carrera nunca ha puesto los hechos por encima de sus creencias. Bush es un fanático —al estilo calvinista— que subordina la realidad a su ideología. Este fervor dogmático comenzó a acentuarse luego de los ataques terroristas del 9/11. A partir de ese momento, la actual administración acentuó un estilo de gobierno que exige la lealtad absoluta a sus seguidores, el secreto absoluto respecto a su gestión y la desconfianza total frente a cualquiera que presente un punto de vista contrario o aparezca con una información que ponga en entredicho los planes formulados.

Durante toda la campaña, las distinciones entre los aspirantes a la presidencia han estado centradas siempre en las diferencias de carácter, interpretadas como positivas o negativas de acuerdo con la militancia política de quien las contemple: Bush testarudo y Kerry analítico y dispuesto a reconocer sus errores; Bush firme y Kerry pusilánime y cambiante.

Estas diferencias, sin embargo, trascienden las personalidades. El gobierno de Bush tiene un marcado afán imperialista y una forma autoritaria, que sin duda se profundizará en caso de una victoria. No son sólo las grandes lagunas del mandatario respecto a lo que ocurre fuera de la Casa Blanca y sus limitaciones intelectuales. Tampoco su desprecio ante la opinión ajena y la renuencia a escuchar consejos hasta de sus más cercanos colaboradores, una actitud tan bien expresada por el ex secretario del Tesoro, Paul O'Neill, cuando dijo que en las reuniones de gabinete Bush se comportaba como "un ciego en una habitación llena de sordos".

EE UU está en manos de un grupo de ideólogos que pertenecen al ala ultraderechista de nuevo cuño del Partido Republicano, los llamados "neoconservadores", quienes responden a los intereses de las corporaciones y la industria armamentista y reflejan los valores del fundamentalismo cristiano de los estados sureños.

El porqué del énfasis religioso

Para mantener su hegemonía, no dudarán ni por un momento en lanzarse a una nueva guerra, harán todo lo posible por destruir el sistema de seguridad social y ampliarán todas las políticas que impliquen un aumento de las ganancias de los grupos más poderosos, en detrimento de las clases medias y bajas de la población.

Como ha ocurrido en otras ocasiones, el énfasis religioso que ha adquirido la campaña no hace más que ocultar la situación imperante en EE UU. Es cierto que, desde el punto de vista religioso, el enfoque pragmático de Kerry es más acorde al catolicismo, mientras que el irracionalismo de Bush encaja a las claras en el protestantismo. Pero esta nación se caracteriza por el establecimiento de vínculos políticos que trascienden las barreras del credo.

¿Cómo explicar entonces la alianza entre los fundamentalistas cristianos y el sionismo? La respuesta es fácil: ambos grupos han echado a un lado sus diferencias de fe, en favor de un gobierno norteamericano que no pone freno a los desmanes del aventurerismo militar de Ariel Sharon. Al final, la victoria la tendrá el candidato que logre convencer o engañar mejor a los votantes. Para lograrlo, Bush ora y Kerry reza, pero sus asesores saben que no basta con las oraciones.

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