Las elecciones municipales demostraron que el PT se estratifica como fuerza política, consolida su espacio y facilita la campaña por la reelección de Lula. A su vez, el PSDB se consolida como su principal rival. De forma paralela se produjo el declive de fuerzas históricas: el derechista Partido Frente Liberal perdió poder en todo el país. Y otros candidatos del interior, vinculados con el "caudillismo" de un Brasil del pasado, terminaron aplastados por la consolidación del PT y la socialdemocracia. En Sao Paulo, el ex gobernador Paulo Maluf, que popularizó el lema "roba pero hace", no pasó a la segunda vuelta.
La primera vuelta de estas elecciones municipales sirvió para medir el nivel de aprobación de un gobierno que navega entre la prudencia económica y la atención a los reclamos sociales. La reducción del desempleo y el crecimiento económico facilitan a Lula continuar con menos turbulencias la aplicación de un programa que, aunque criticado por la izquierda, comienza a rendir frutos.
En los 21 meses que lleva en la presidencia, ha mostrado sentido de Estado, al encarar los múltiples problemas de la democracia más grande de América del Sur. Apoyó medidas importantes para controlar el gasto público, frenar la inflación, estimular la inversión privada y reformar el sistema de jubilaciones de los funcionarios, mejorando la reputación de Brasil en los mercados internacionales.
Lula heredó una difícil situación económica, originada en el temor de los mercados a su gobierno de izquierda; su primer año terminó lejos de las promesas de crecimiento y mejora social: un PIB negativo de 0,2% y el desempleo en niveles récords. En los últimos dos meses, la mejora económica parece anunciar que los días más difíciles de la conflictiva economía brasileña, que se ha debatido entre la recesión y la inflación, pueden haber quedado atrás.
Los pronósticos más cautos dicen que este año la economía crecerá más del 4%; la inversión extranjera supera las expectativas oficiales (17.000 millones de dólares contra 12.000 previstos). Los mercados financieros aprueban con entusiasmo el desempeño de Lula. El ex luchador social devino un pragmático que acepta las reglas de la ortodoxia económica, como lo evidencia que Brasil ahorre este año el 4,25% del PIB.
Un nuevo mapa político quedó esbozado en Brasil después de la primera vuelta de las municipales, aunque todavía faltan algunas definiciones y sobre todo una: quién se quedará con Sao Paulo.
Ahora el PT ya tiene un partido opositor definido y el bipartidismo parece afincarse en estas tierras. Claro que el futuro de Lula y su reelección en 2006 estarán mucho más seguros si en la capital paulista continúa reinando la estrella roja del Partido de los Trabajadores. |