Entre 1999 y 2001, Abu Mazen sostuvo reuniones secretas con el entonces primer ministro israelí Ehud Barak y en una oportunidad se reunió con el actual primer ministro, Ariel Sharon.
Del lado israelí, la reciente formación de un gobierno de coalición entre las fuerzas del Likud y el Partido de los Trabajadores de Simón Peres representa un factor positivo en la dirección de restablecer puentes para el diálogo con las nuevas autoridades palestinas.
Sin embargo, las exigencias de Sharon acerca de que primero Mazen tiene que demostrar que controla y desarma a los terroristas palestinos, parecen una repetición de su subordinación a los intereses de los más extremistas colonos israelíes.
El proceso tendría que iniciarse también con pasos efectivos por parte del gobierno de Tel Aviv, que ante la tregua decretada por los movimientos palestinos podría liberar por lo menos a algunos centenares de los varios miles de palestinos que permanecen en las cárceles israelíes.
Si es cierto que Mazen tiene que controlar a algunos grupos de terroristas palestinos, no es menos cierto que Sharon también tiene la obligación de hacer lo mismo con algunos extremistas que ocupan cargos importantes en el ejército y los servicios israelíes de seguridad.
El presidente estadounidense, George W. Bush, ha reconocido la realidad histórica de que deben existir dos Estados que aprendan a vivir en paz como vecinos, el de Israel y el de Palestina. Sharon tiene que abandonar sus planes, que han estado destinados a torpedear la independencia de Palestina, para demostrar su buena fe. La construcción del famoso muro y los programas para dividir los territorios árabes ocupados en pequeños cantones son verdaderos obstáculos para el proceso de paz.
La Unión Europea y la administración de Bush tienen una oportunidad de oro para garantizar que las nuevas autoridades palestinas y el primer ministro Sharon vayan a la mesa de negociaciones con una agenda amplia, sin condiciones previas, si es que se quiere buscar una verdadera solución a este sangriento conflicto.
Es la oportunidad ideal para reabrir la puerta para el diálogo en el conflicto de Oriente Próximo. No será tarea fácil, aunque si se recupera la Hoja de Ruta y se ponen de nuevo sobre la mesa los acuerdos conseguidos en los años noventa se podrá comprobar que una parte del camino está trazado. Lo que se necesita es la voluntad política, de ambas partes, para hacer de la paz un objetivo posible.
Pero lo cierto es que Israel es un Estado institucionalizado y Palestina no. Eso podría parecer una perogrullada, pero al final decidirá bastante en el futuro de la situación. Israel, si se lo propone, puede aminorar el empuje del Ejército y hasta controlar por decreto a los colonos extremistas. No es el caso de Mazen: el hecho de ser presidente de la ANP no le es suficiente para acabar con un terrorismo a veces incontrolable. Y precisamente en esos mares pueden naufragar las oportunidades de paz. |