En general, aunque una de las características de las repúblicas bálticas ha sido la inestabilidad política, esto no ha impedido los avances económicos. Lituania es líder de crecimiento entre los postcomunistas recién ingresados a la UE, con una tasa de casi el 9% en 2004, por tercer año consecutivo.
Letonia y Estonia mantienen igualmente un alto ritmo de crecimiento (8% el año pasado) y los expertos afirman que lo más importante ha sido borrar las heridas del pasado, cuando las tres pequeñas repúblicas bálticas (unos 10 millones de habitantes en conjunto) fueron ocupadas en 1940 por las tropas soviéticas, que, sobre la base del Pacto Molotov-Ribbentrop, mantuvieron a sus soldados invasores hasta 1993.
Otro país postcomunista que ha progresado de manera rápida y exitosa ha sido Eslovaquia, que junto con la República Checa formó hasta 1993 la Federación Checoslovaca en Centroeuropa. Después de esa fecha, los eslovacos se impusieron drásticas reformas hacia el mercado y una política de austeridad que, si bien hizo bajar en un inicio el nivel de vida de la población, logró mantener un crecimiento sostenido que le permitió dar el salto hasta colocarse en el grupo desarrollado de punta en Europa.
Tres experiencias
El Banco Mundial clasifica a Eslovaquia como país líder en las reformas de mercado en la región, al lograr reducir su déficit fiscal a sólo el 3,6% del PIB, mucho menos que países ya miembros de la UE. Su capital, Bratislava, es una de las más jóvenes de Europa, y ha reunido hace sólo unos días a los presidentes George Bush y Vladimir Putin, en una cumbre que llenó de orgullo a los eslovacos de hoy.
Por su parte, los checos se beneficiaron desde el primer día de la llamada Revolución de Terciopelo, que puso fin a casi 50 años de comunismo en su país. Gracias a una fuerte infraestructura y una tradición industrial, heredada desde mediados del siglo pasado, cuando fueron la quinta potencia industrial europea, llegaron a la economía de mercado como quien llega a casa.
Es cierto que los precios de los artículos de consumo han subido varias veces, pero el salario medio de un checo de hoy, más de 800 dólares mensuales, es muy superior al de la época comunista, cuando ganar el equivalente a 100 dólares era un privilegio de pocos.
El Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) acaba de fijar el crecimiento de la economía checa en más de un 4% para el presente año y achaca la solidez económica del país al éxito de las reformas hacia el mercado realizadas en los años recientes.
Polonia, aunque un gigante ex comunista un poco más lento, también logró superar sus propios problemas agrícolas para entrar a la Unión Europea por la puerta ancha. Atrás quedaron los tiempos socialistas, cuando había que apretarse el cinturón haciendo cola frente a las tiendas de comida.
Hoy en día, cuando se llega en tren a Polonia, se puede apreciar entre los pasajeros a los ejecutivos con gafas de diseño y trajes cortados en Londres, quienes no paran de hablar por sus teléfonos celulares o leer revistas en inglés sobre la situación internacional.
Por la ventanilla pasa vertiginosamente el rico paisaje rural de la Polonia central, todavía dividido en explotaciones minúsculas, pero en plena transformación. De ser su freno principal en la época comunista, el agro polaco se está transformando a ojos vista y se encuentra en pleno apogeo el sector de empresas privadas en expansión.
El politólogo Cristian Smolana explica el ambiente que se respira en la Polonia de hoy de la siguiente manera: "Está claro que ahora somos más independientes y más respetados por Europa, ya no sufrimos como en el pasado al vivir entre Rusia y Alemania; ahora son nuestros aliados, y sobre todo, mis hijos vivirán en una Polonia moderna y desarrollada". |