www.cubaencuentro.com Viernes, 28 de noviembre de 2003

 
  Parte 1/2
 
¿El camino de la demagogia?
Reunir más de 25.000 firmas para intentar cambiar el régimen castrista es un desafío sin precedentes en la historia del totalitarismo, al que no se atrevieron las víctimas de Hitler, Stalin o Mao.
por ARNALDO YERO, Miami
 

Errar es de humanos, pero conducir a otros al error utilizando opiniones falsas y tergiversando los hechos, es la labor de los demagogos de todos los tiempos. En el documento ¿Dos caminos? , redactado y publicado recientemente en el exterior a nombre del preso de conciencia cubano Oscar Elías Biscet, se emiten opiniones desafortunadas de este tipo, que necesitan respuesta.

Oswaldo Payá
Proyecto Varela: ¿complacencia o valentía?

En su Tratado de los sofismas políticos, el filósofo inglés Jeremy Bentham establece que la diferencia entre el sofisma —argumento falso revestido de una forma más o menos capciosa— y el error, estriba en que el segundo designa simplemente una opinión falsa, mientras que el primero es una opinión falsa que se utiliza como instrumento de error para llegar a un fin por medio de la persuasión.

Platón, en la antigua Grecia, hablaba ya del arte de los sofistas para "encantar la mente con argumentos" y descubrió la precaria posición de la verdad, debido a que la persuasión proviene de las opiniones y no de los hechos. De ahí que los regímenes totalitarios acaparen los medios de comunicación y prohíban la libertad de prensa y opinión, con el objetivo de monopolizar los mecanismos para convencer y adoctrinar a las masas con sus falsedades, por aquello de que "una mentira repetida mil veces, se convierte en verdad".

Hannah Arendt, en su obra capital Los orígenes del totalitarismo, nos dice que la diferencia más notable entre los sofistas antiguos y los modernos estriba en que los primeros se satisfacían con la victoria efímera de sus argumentos a expensas de la verdad, mientras que los modernos desean una victoria más duradera a expensas de la realidad, y que esta última victoria "destruye la dignidad de la acción humana".

Afirmar que el Proyecto Varela legitima la Constitución socialista de 1976 puede ser una opinión errada o no, pero insinuar a nombre de Biscet que dicho proyecto forma parte de un "movimiento por la complacencia" con el régimen de La Habana es, en el mejor de los casos, una opinión capciosa que no resiste la prueba de los hechos.

Si Fidel Castro hubiera asaltado el Moncada con 11.020 hombres, probablemente lo hubiera tomado sin disparar un tiro. Ese fue el número de firmas que presentaron los gestores del Proyecto Varela ante la Asamblea Nacional del Poder Popular el año pasado. Si la Brigada 2506 hubiera tenido 14.384 efectivos, la historia habría sido muy distinta. Ese fue el número de firmas que acaban de entregar ante el Parlamento castrista, como respuesta a la represión contra la prensa independiente y la oposición pacífica.

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