www.cubaencuentro.com Viernes, 05 de diciembre de 2003

 
  Parte 2/3
 
Diálogo con Joaquín Villalobos
El ex guerrillero salvadoreño se anota en la lista de hombres latinoamericanos de izquierda que combinan inteligencia, lucidez y honestidad al mismo tiempo.
por MANUEL CUESTA MORúA, La Habana
 

Al conducirse de este modo es claro que la izquierda se fagocita. No se aggiorna, que es una manera de renacer, sino que se "mediovaliza". Esto es, se autodestruye sin lograr la destrucción de su objeto de batalla.

Si la izquierda, la que no lo es, fuese honesta, tendría que reconocer que no combatir sus viejas ideas en la Isla le cierra el paso para ofrecer una alternativa creíble, viable y por tanto asumible al neoliberalismo; incluyendo, claro está, al que se "experimenta" en la misma Cuba.

No parece haber salida de este entuerto. Lula, a la inversa, lo reflejó con una nitidez pasmosa. La estrategia protocolaria de su visita a Cuba es una declaración ideológica más elocuente que cualquier ensayo. Cero declaración pública, cero sesión fotográfica, cero discurso magno y nada de Consenso de La Habana.

En términos de estrategia ideológica a la izquierda del espectro político, su visita-fuga a Cuba tuvo mayores efectos para la evolución de nuestro país que el cambio de corbatas propuesto por Aznar a Fidel Castro.

Y ¿quién combate mejor el neoliberalismo? ¿Lula o los sectores del PT aliados a la revolución cubana?

Lula intenta ofrecer una alternativa. Los sectores ortodoxos del PT y La Habana sólo pueden cantar una reivindicación sin paradigmas que sean algo más que los bellos juegos de palabras de la escolástica.

Y esto tiene que ver con quienes —se dice— representan el debate político central en América Latina: Uribe y Lula.

¿Es el de la izquierda el principal debate en América Latina?

Todavía no. Para que el debate político fundamental en Latinoamérica se produzca en el interior de la izquierda tienen que ocurrir dos cosas, y en dos lugares: una en el nivel teórico y otra en el nivel práctico.

En el nivel teórico se requeriría una seria, sosegada y pública crítica a la revolución cubana, combinada con la oferta de modelos alternativos no reivindicatorios.

En el nivel práctico se exige un proyecto de sociedad que pueda ser asumido por los más diversos sectores, que implique crecimiento, modernización y desarrollo —los tres no son la misma cosa— y un marco respetado para regular los conflictos sobre la base de dos o tres pactos básicos. En ausencia de estas cosas, Lula y Uribe sí representan, según el discurso al uso, el debate central en América Latina; aunque Villalobos y buena parte de la izquierda democrática deseemos otros extremos del debate.

Debo ilustrar esta idea. Teóricamente, la crítica del socialismo europeo al comunismo siempre fue clara y sobre bases estratégicas. La Osteopolitik: una visión política para civilizar el conflicto en Europa tras la Cortina de Hierro, nunca significó complicidad teórica entre las dos visiones de la sociedad justa.

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