Quien confunde magnesia con gimnasia tal vez logre evacuar sus intestinos, pero no obtendrá músculos. De cualquier modo, no le iría peor que a quien se equivoca a la hora de confrontar ciertos términos y/o conceptos relacionados con la historia.
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| Brigadas de Respuesta Rápida: Voluntarios del castrismo. |
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Pongo por caso al autor del artículo Los Voluntarios (publicado días atrás por Encuentro en la Red), cuya intención ha sido establecer similitudes entre el Cuerpo de Voluntarios —tropa paramilitar de nefasta memoria que operó en Cuba en tiempos de la colonia— y la casi totalidad de los cubanos que hoy sobreviven dentro de la Isla.
De acuerdo con lo que sugiere este artículo, la gente que aquí asiste en masa a las concentraciones, los que aparecen en la nómina del CDR, los que bailan con Los Van Van en las fiestas organizadas por el Gobierno y, en fin, todo el que se deja llevar o deja hacer, sea por miedo, ignorancia, manipulación o elemental instinto conservador, constituye una especie de prolongación de los miembros de aquellas tropas colonialistas conocidas como "Los Voluntarios" y, como tal, merece ser juzgado y condenado.
Para el articulista en cuestión, "Lo 'voluntario', en el trabajo o en la acción política, adquiere, en la Cuba de Castro, una significación idéntica a la que tuvo en tiempos de la colonia. Casi podría decirse que el término, y el sistema asociado al término, han sido reinventados, reimaginados y sutilmente reimplantados por el castrismo".
El paralelo, macarrónico desde una perspectiva histórica, y además torpe, forzado, por generalizador, enfila mal desde el lead que acompaña al título, con una afirmación que en otro contexto quizás podría encajar, pero que en este caso recalca la barrabasada: "Desde la colonia hasta el castrismo, nunca hubo peor maldad ni ofensa mayor que la traición de los propios cubanos".
En principio, por obvio y aburrido que resulte para quienes conocen mínimamente la historia de Cuba, no queda más remedio que precisar que el Cuerpo de Voluntarios estaba formado en aplastante mayoría por españoles, cuyos intereses, de carácter económico muy concreto, y cuyas ambiciones, bien descritas por los historiadores, poco o nada se interconectan con los actuales motivos del cubano de a pie.
Más juicioso hubiera sido, si es que nos empeñamos en comparaciones trasnochadas, buscar puntos de contacto entre la acción feroz y abusiva, de horda, desplegada por aquellos Voluntarios, y el nefasto pasaje de nuestra historia contemporánea en que se inscriben los llamados mítines de repudio.
Aun así, el cotejo debiera ceñirse a los métodos y medios de represión, no a los presupuestos del represor. Y en ningún caso cabrían las generalizaciones, pues resulta de sobra conocido que en esos mítines de repudio no participó más que una mínima parte —la peor, la más bruta y vulgar— de los cubanos de adentro, la cual fue manipulada diabólicamente por la dirigencia política del país. |