En el artículo Los poderes autistas, publicado en Encuentro en la Red el 14 de noviembre de 2003, Rafael Rojas alega que todo el mundo está a favor del levantamiento del embargo comercial contra Cuba. Rojas prefiere decir "contra Cuba", yo diría contra la dictadura totalitaria. Pero, sonaría incongruente en la pluma de Rojas —y de cualquiera— decir que todo el mundo está a favor de levantar las sanciones económicas "contra una dictadura totalitaria".
 |
| Fin del embargo: ¿fin de la pobreza? |
|
|
Bien intencionado, Rafael Rojas alega que "mientras Washington y Miami sean sus enemigos (de Fidel castro), la oposición interna puede ser reprimida y descalificada como un agente foráneo". Esta afirmación de Rojas implica una enorme ingenuidad. Castro no necesita ningún pretexto para reprimir a la oposición interna por débil que sea. Cuando la dictadura quiere reprimir, lo único que necesita es la orden del comandante y el mismo alegato de siempre: son enemigos de la revolución. Así lo ha hecho a lo largo de su historia. Claro, si Castro tiene un pretexto, mejor para él; pero si no lo tiene lo inventa.
Recuerdo cuando se produjo en Cuba un tipo de epidemia en la población porcina. Castro culpó inmediatamente a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de introducir en la Isla los elementos causantes de la enfermedad. Algo similar sucedió con el dengue hemorrágico. ¿Quiere decir esto que Washington debe desmantelar la CIA para quitarle a Castro el pretexto con el que justifica sus fracasos en la cría de cerdos y en la salud de la población? Por supuesto que no. Incluso, si Washington cerrara la CIA para complacer la hipótesis de Rojas, Castro cargaría sus armas contra el FBI, la radio de Miami o la Ermita de La Caridad. Tendríamos que cerrar el planeta y, aun así, Castro encontraría un causante de sus desgracias en algún del lugar del universo.
Otro ejemplo que puedo citar es el de las recogidas masivas de artesanos y pequeños productores de los mercados campesinos. ¿Qué alegó Castro? Que los ingeniosos artesanos y esforzados campesinos que llenaron los mercados libres de alimentos tenían desviaciones burguesas. Y que estaban ganando tanto dinero que estaban creando una nueva clase, divorciada de los principios revolucionarios. Castro "embargó" inmediatamente los productos de campesinos y artesanos, y a ellos los mandó a la cárcel. Washington y su embargo nada tuvieron que ver con las vacaciones de los artesanos y campesinos en las cárceles de Cuba. Lo mismo sucedió con los cuentapropistas.
En otra parte de su artículo, Rojas dice: "mientras se mantenga el embargo, el sistema político puede preservarse autoritario y cerrado, con cierto respaldo internacional...". Son miles y miles los turistas que van a Cuba y todos los países del mundo pueden comerciar con la dictadura (los que se arriesgan a no cobrar), y a pesar de eso Castro sigue autoritario y cerrado. Y créanme, seguirá así aunque le levanten todos los embargos del mundo. Nótese que las gestiones de La Habana en cuanto a la libertad de viajes apuntó sólo a los ciudadanos americanos nativos y no a los cubanoamericanos.
Castro sabe que legiones de miamenses viajando a Cuba indiscriminadamente —sin pasar por el filtro de las agencias de pasaje— contaminarían a la población más de lo que está. Por eso sólo busca la libertad de viajes para el sector inocente, o que puede controlar, como hace con las decenas de miles de turistas europeos y canadienses que visitan Cuba y no salen de las reservaciones para extranjeros.
Rafael Rojas, en el final del artículo, se pregunta y se responde: "¿Por qué no se arriesgan a acelerar el cambio democrático en Cuba? Sólo hay una respuesta: porque les resulta más cómodo y redituable mantener el status quo y llegar con fuerza a la transición". Y finalmente agrega: "¿El precio? Que lo paguen otros con la cárcel y la pobreza, la marginación y el exilio".
Cuando Rojas dice: "que lo paguen otros con la cárcel y la pobreza" implica que la pobreza en Cuba es consecuencia del embargo. En otras palabras, si Washington levanta el embargo, Castro le da al pueblo los alimentos y recursos que necesita. Aseveración alejada de la experiencia histórica: las dictaduras totalitarias mantienen a la población en bajos niveles de consumo para ejercer un mayor y eficiente control político. Castro prefiere lanzar al mar los alimentos o regalarlos a otros países pobres antes que dárselos a la población.
Vuelvo a los mercados campesinos. Si Castro quiere alimentar a la población, con permitirlos basta. El cubano ingenioso se encarga del resto. Además, aceptar que el levantamiento del embargo terminaría con la pobreza sería aceptar que Castro es un buen administrador. Eso ya es una enormidad. Por otra parte, mientras estaba en pie el bloque socialista y, supuestamente, en Cuba había de todo, a mí —ex preso político y marginado, lo mismo que es la mayoría de la población cubana— no me tocaba nada de esa supuesta abundancia. Si había gasolina era para los Ladas. Y ya se sabe que gente como yo no podía tener uno.
Rojas, bien intencionado, se rompe la cabeza como muchos otros buscando explicaciones para nuestra tragedia. Además, lo hace con brillantez y respeto. Pero creo que no le asiste la razón. Si de autismo se trata, el que lo padece es Castro. Nosotros, incluido Rojas, padecemos el dolor de haber perdido nuestra nación. |