www.cubaencuentro.com Jueves, 11 de marzo de 2004

 
  Parte 1/3
 
Kcho Degas
Las balsas del pintor Alexis Leyva: De cómo la falsa conciencia del mayoral se introduce en el discurso del esclavo.
por NéSTOR DíAZ DE VILLEGAS, Los Ángeles
 

Hablando del poeta Manzano, el profesor Antonio Vera León se refiere al estilo bárbaro de la nación cubana; y Enrico Mario Santí, comentando al crítico, dice: "Para los escritores blancos que a un tiempo lo amparaban y explotaban [Manzano se había convertido] …en una metáfora rentable dentro de la naciente narrativa".

Fidel Castro
Kcho, Castro: ¿Un pintor sentado en las piernas de un ventrílocuo?

El estilo bárbaro (o "desaliñado", como también lo llama Vera León), se hace popular; los blancos lo acogen, lo "amparan", y al mismo tiempo lo "explotan".

El estilo bárbaro de Kcho, como antes el de Manzano, se ha vuelto igualmente rentable dentro de la narrativa nacional contemporánea. Pareciera que el tema del amo y el esclavo, y su contrapunteo, regresaran con él a nuestra escena: teatro bufo en el que el blanco se pinta la cara de negro. En este intercambio interesado, Kcho le presta su máscara a la dictadura.

Habría que comenzar por advertir que, a diferencia de los tiranos criollos, los déspotas peninsulares poseían enormes reservas morales y que, en cualquier caso, jamás se hubieran atrevido a "comerciar con el dolor ajeno". La incuria extrema del fidelismo, por el contrario, lo ha obligado a expropiar a sus víctimas hasta del sufrimiento (Es lo que ocurrió con el martirio de Elizabeth Broton: fue confiscado y nacionalizado). El sufrimiento se convierte entonces en fetiche, en mercancía seudo artística o seudo religiosa.

Caso curioso: al forzar el regreso de los que huyen, se da la situación absurda de que los cimarrones devueltos sean obligados a tratar en términos familiares al carcelero. "Después de mandarme años preso, después de botarme de la Isla, después de robarme a mi sobrino-nieto, ahora va a resultar que somos hermanos", se ha quejado a un periodista el mayor de los González, al enterarse de que el niño Elián llama a Fidel Castro "abuelo".

En esta comedia de errores hace su entrada Alexis Leyva Machado, en el papel de Kcho. ¿Quién es este pedazo, o desprendimiento de un ente mayor, del cual es sólo trozo o parte? Si lo escuchamos explicar una obra suya (Obras Escogidas, 1994) que representa una balsa hecha de libros, en el Walker Art Center de Minnesota, quizás lo entenderemos: "Mucha gente mira esta pieza y ve únicamente libros de marxismo, y cree que se trata de una obra política. Pero también hay allí libros de ciencia, de matemáticas y de geografía. Esta obra trata de literatura universal; es sobre el intercambio de ideas".

Podemos ahora, perfectamente, imaginarlo sentado en las piernas de un ventrílocuo. A fin de cuentas, ¿qué cubano no sabe lo que significa una balsa? Kcho se limita a explicarla con las palabras del amo. Aprovecho esta declaración de Kcho para ilustrar una nueva, y rarísima, especie de sincretismo: la falsa conciencia del mayoral se introduce en el discurso del esclavo —y no como lenguaje artístico, sino como lenguaje de conveniencia. Como lengua diplomática: el esclavo aprende a "mentir" como los blancos—.

Los despojos del Monte han servido a Kcho para expresar la mitología, y la ideología, del cimarrón —es decir, del que escapa en la balsa, del que cruza el mar—. En realidad, es un objeto sacralizado (un objeto de altar, en tanto que objeto encontrado) lo que se coloca en la capilla de la galería. Son los fetiches quienes cuentan ahora la narrativa nacional: todos los que alguna vez han escapado hablan por ellos; los dioses de las travesías bajan allí. Sin embargo, en los catálogos elegantes y en las revistas de moda habla, por la boca del artista, el espíritu del amo.

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3. El coco, el yute y las semillas...
   
 
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