Combinación de arrogancia y error
Si la alegría que provoca la reelección de Bush es un síntoma de tendencias políticas, habría que afirmar que hay una lenta y parcial derechización del virtual electorado cubano. Cierta alegría "popular", pequeña pero intensa y significativa, pudo observarse el día 3 cuando se conoció definitivamente el resultado de la votación en Estados Unidos.
El partido pro-Bush en Cuba reía de contento porque parece que el presidente reelecto cumplirá su promesa de poner fin a lo que mucha gente considera una duradera pesadilla. ¿Irresponsabilidad popular? Difícil de catalogarla. Superficialmente parece que es la desesperación de un montón de gente que ve con impotencia cómo se les va la vida, no tanto en la pobreza, sino en la inestabilidad e inseguridad de un país atrapado en la irresponsabilidad del Estado.
En todo caso podría ser una desesperación irresponsable —quizá la desesperación lleva a la irresponsabilidad porque supone pérdida momentánea de la capacidad de juicio— que se manifiesta en un amor simbólico por Bush o en el atractivo repentino que provoca un país como Haití.
En términos sociológicos y políticos, la tendencia pro-Bush en la Isla se hace más preocupante cuando se observa el otro espectáculo alegre, aunque carente de imaginación, organizado por la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana.
Ciertamente preocupante. Nuestros respetables anexionistas del siglo XVIII querían colocar a Cuba como un Estado de la Unión Americana por aquello de racionalizar el beneficio económico de la Isla, sin mostrar amor excesivo por Estados Unidos, y en un momento en el que la nacionalidad cubana no había parido su propia nación.
En los hechos, querían anexar un territorio que no era país. Mucho más tarde, y a principios del siglo XX, los constituyentes se vieron obligados a aceptar la Enmienda Platt, si querían que el país que ya era llegara a ser una nación con Estado independiente; menos que más soberano. Su resistencia moral a tal enmienda era equivalente al vicio de la voluntad jurídica de un acto constitucional que violentaba su voluntad política. En este último caso, no había alternativa: o lo tomabas o lo tomabas.
Pero, el 2 de noviembre estadounidense en La Habana, combina arrogancia, tontería y error. No sólo es más combustible a la misma caldera abrasiva de la represión, sino que está enviando el claro, vigoroso y adelantado mensaje de que el destino de Cuba, con el tono de época, está más o menos cercano a la realidad de la otra isla: la de Puerto Rico. Las votaciones y elección reales en esta última, y en el mismo día, son, dice el mensaje, la misma expresión en tiempo real de las votaciones y elección simbólicas efectuadas en La Habana.
La metáfora es cristalina: "Puerto Rico y Cuba son, del águila, las dos alas". Sólo que el aleteo de la isla nuestra, parece que se retrasa.
Los votantes del 2 de noviembre en La Habana nos han hecho, alegre e irresponsablemente, un flaco favor. |